La roja navidad bolivariana

161
Imagen: psvu.org.ve

La Venezuela tricolor ha desaparecido, fue robada por el Socialismo del siglo XXI. Estamos en Navidad y no hay nada que nos lo recuerde, una época que es de los niños, donde la alegría, magia y la ilusión, los juguetes del Niño Jesús, los fuegos artificiales, las hallacas, el pan de jamón, los villancicos y la misas de gallo siempre fueron tradición, ha dado paso a la tristeza, un país en blanco y negro.

Los venezolanos estamos viviendo un momento inédito, lo que nunca pensamos ver: la destrucción en cámara lenta del país que osó llamarse la “Suiza de América”. Poco a poco, un grupo de resentidos, mediocres y extremadamente corruptos personajes que se unieron alrededor de un militar con sus mismas características (por aquello que “lo semejante, atrae lo semejante”) decidieron embaucar a una gran mayoría de la  población, infectada con el virus del “rentismo” y sus ramificaciones: el populismo, la viveza criolla y la idea de Laureano Vallenilla Lanz del “gendarme necesario” en una desventura que ha destruido la economía, la sociedad, los principios, los valores, las instituciones y lo peor, la esperanza como último recurso de subsistencia, haciendo de la desmoralización y la pobreza el mecanismo de control social necesario para perpetuar en el poder un modelo ideológico fracasado.

Esta combinación nefasta ha develado a un venezolano irreconocible, un venezolano egoísta, limosnero y rapaz, un venezolano triste, quejoso y violento, que quiere dejar su tierra en busca de mejores oportunidades porque la pobreza, el miedo y la angustia afloran lo peor de las personas, al punto de deshumanizarlas.

Y así, desde 1999 hasta la fecha, el país se desmorona indetenible pero muy aceleradamente, sobre todo en los últimos años, dejando a su paso, familias separadas por el exilio o por las diferencia políticas, la peor economía del planeta con la segunda hiperinflación del siglo, la mejor empresa petrolera del mundo, sumida en la destrucción y el abandono, carcomida por la corrupción roja rojita, la inseguridad y la violencia, pero también una casta política groseramente enriquecida, ajena e impune que exhibe sin ningún pudor, los trofeos del nepotismo, la perversión del que se sabe protegido y no tiene temor alguno de las leyes, porque hasta eso también lo arrasaron, el sistema de justicia es inexistente.

Entonces, llegamos a diciembre de 2017, tiempo de elecciones municipales, una población sumida en la angustia, esperando las migajas de la revolución bonita. El propio gobierno consciente de los resultados de su política económica, posiblemente deliberados, juega con la necesidad de sus más fieles seguidores y les promete perniles y juguetes a cambio de votos. Extorsiona con el hambre y la alegría de los niños en una época particularmente especial. Aunado a esto, la hiperinflación tiene completamente distorsionado el sistema de precios, los sueldos no alcanzan y para colmo de males, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, está viviendo una crisis de combustible producto de la ruina de PDVSA, de la cual no se vislumbra solución en el corto plazo.

En este contexto, llega la roja Navidad bolivariana, sin comida, sin gasolina, sin estrenos navideños, ni regalos y solo algunos minúsculos perniles, apenas unos pocos juguetes son entregados a los ilusos militantes que reciben sorprendidos, cachivaches chinos que en cualquier país se usan para entretener a los perros. Entonces, ahora si la “ira del pueblo” se hace presente, se manifiesta en forma de las satanizadas guarimbas, cierran calles, saquean, alzan la voz, están ofendidos, se sienten estafados.

Tarde piaste pajarito

Sin embargo, lo desafortunado es que “el pueblo” se sienta así justo ahora, porque no les llegó la limosna en forma de un Clap, porque el Niño Jesús bolivariano les trajo un juguete de perro, no pudieron pasar estas fechas con su familia porque no había gasolina o no les llegó el trozo de cerdo. Bienvenidos a la Venezuela que ustedes con su complicidad irresponsable contribuyeron a crear.

De nada les valdrán los reclamos o las protestas, ya es demasiado tarde. Les aplicarán la Ley del Odio y probablemente vayan presos por afectar la paz, si esa paz que nos están quitando a los que no mendigamos perniles, cajas de comida o juguetes, esa paz por la que una gran cantidad de venezolanos marchamos, nos plantamos, nos paramos y nos arriesgamos; muchos hasta la vida dieron; pero no, el bozal de Clap los tenía adormecidos y contentos, las Canaimitas les lavaron el cerebro, nos dejaron solos. Ahora, nosotros les exigimos que no nos roben la paz. Hagan silencio.

Ya de nada valen los reclamos, y sepan que no hay ningún indicio que la situación económica vaya a mejorar, principalmente porque quienes han generado todo esto, la nomenklatura chavista, carecen de las competencias mínimas para iniciar un proceso de reconstrucción del aparato productivo que permita iniciar el camino hacia la prosperidad. Entonces vamos para peor, la roja Navidad bolivariana amenaza con extenderse y profundizarse todo el 2018, pero ustedes con sus estómagos agradecidos contribuyeron dándole al verdugo una fraudulenta ANC que tiene poder más allá de lo imaginable.

El que no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera…  Feliz Navidad camaradas!

Compartir
Economista. Doctorando en Estudios Políticos. Profesora de Macoreconomía II y Neuroeconomía, UCLA.

1 Comentario

  1. Me encanto este articulo …es un claro ejemplo de todos los consecuencias catastróficas que ha promovido el populismo en mi amada nación , Maricela Cuevas gracias por esa reflexión profunda que tocara a mas de uno !

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here