Reviviendo fantasmas con la Revolución Bolivariana

“La hiperinflación es la manifestación final de la quiebra del Estado, la población huye de la moneda oficial y se genera un vertiginoso aumento de precios

Enrique Cerdá

La historia suele ser una gran maestra, un excelente indicador y termómetro para confrontarla con los hechos presentes. Ante la necesidad de buscarle la solución a los problemas mediante alguna alternativa, la reflexión y la comparación resultan ser las mejores opciones.

Es un duro camino el que le está tocado transitar al otrora país rico, petrolero y de moneda fuerte, aquel país productivo y pujante. Durante los últimos veinte años, el gobierno actual ha desempolvado el manual de los errores del pasado, y han seguido a cabalidad la fórmula perfecta para destruir todo el sistema económico de la nación, trayendo como consecuencias, la actual devastación que se están padeciendo en todos y cada uno de los rincones del quehacer del país, han reaparecido los peores fantasmas que creíamos, habían desaparecido.

El aspecto más representativo de la crísis actual, es la hecatombe económica. Siendo la indisciplina fiscal el estandarte, junto a los diversos controles los principales responsables, del desmoronamiento progresivo de la salud económica durante todos estos años. Bien refiere el economista Luis Vicente León cuando menciona que La Economía es un río rebelde, y cuando se intenta desviar con palos y piedras sueltas, se puede lograr por un rato, pero más tarde o más temprano arrasa con todo. Es absolutamente inevitable” “El control de precios genera inflación y el control de cambios genera corrupción” faltaría agregar que la excesiva emisión de moneda genera hiperinflación.  Veamos un ejemplo del pasado:

La emisión de moneda en la República de Weimar

La hiperinflación de 1923 en la República de Weimar es un ejemplo fehaciente de los efectos de la excesiva emisión de dinero, la finalización de la primera guerra mundial causó un inmenso aumento del gasto público, lo que trajo como resultado un enorme aumento de los precios. Es de resaltar que dichos gastos el Estado los financió en menor proporción de sus ingresos tributarios, y sobrepuso su interés de obtener potestad sobre la cantidad de dinero en la economía, por lo que en consecuencia aplicó una reestructuración profunda  sobre el sistema legal, monetario y bancario.

La punta de lanza de esta reestructuración se basó en la eliminación del límite máximo de emisión de moneda, y en vista que la presión fiscal sobre el sector privado no era suficiente y que el endeudamiento externo era casi una tarea imposible, el gobierno recurrió entonces al endeudamiento interno para financiar el gasto, que aumentaba en gran medida por encima de las recaudación impositiva. La reforma monetaria y bancaria permitió al Estado la emisión de dinero sin límites para financiar sus gastos, haciendo crecer la oferta monetaria durante los 5 años de afectación bélica a más del 500%. 

En ese sentido la deuda interna del gobierno crecía significativamente durante todos los años de guerra, producto de la vasta creación de dinero sin respaldo, y sin embargo esta medida llegó a ser insuficiente para cerrar la brecha entre la recaudación impositiva y el gasto público. Aunado a esto, la cancelación de los intereses por la deuda pública existente exacerbó el gasto a casi 3 veces más durante los cinco años de guerra, si se comparan en valores constantes con la misma cantidad de años de la preguerra, explicando todo esto el porqué gran parte de los gastos del Estado se financiaron mediante la emisión de moneda.

Para mediados del año 1923 la expansión monetaria creció a más de 73 mil millones por ciento, razón por la cual la tendencia de aumento de los precios era infinita, los precios aumentaban cada hora y los salarios se depreciaban constantemente. William Guttman relata en su libro “The great Inflation, Germany 1919/1923” como una taza de café aumentaba de 5 mil a 8 mil marcos mientras la bebía, un par de zapatos que costaba 12 marcos en 1913 se vendía a 32 trillones de marcos en Noviembre de 1923. El aumento de costos de reposición de las mercancías era tan veloz, que los comerciantes no sabían a qué precio vender para no sufrir pérdidas, situación que causó un alto cierre de empresas, además algunos proveedores preferían retener mercaderías antes de destinarlas a la producción y ventas, ya que les resultaba más rentable. Así mismo la producción se paralizó como consecuencia de la hiperinflación, en términos del 34% en comparación al año anterior y a  su vez el desempleo aumentó por más del 20% durante el mismo período.

Leer: Ranking peores casos de hiperinflación en la historia y sus soluciones

La emisión de moneda en la República Bolivariana de Venezuela

Se ha hecho costumbre a lo largo de estos últimos años, que el Estado financie el gasto público deficitario a través de la emisión de dinero, generalmente vía transferencias a Empresas estatales improductivas de carácter no financiero, y de otras actividades propias de la política populista del gobierno, de esta labor se encarga el Banco Central de Venezuela, a quien se le arrebató su autonomía, y se ha convertido en una institución más, a las ordenes del partido político de gobierno, cuestión que está representando el motor de la hiperinflación actual y el colapso del bolívar.

El origen de la inflación en Venezuela es claramente monetarista: el incremento de los precios se produce por excesos en la oferta de dinero. Estos excesos ocurren cuando el aumento de la oferta de dinero por parte del Banco Central de Venezuela es superior a la demanda de dinero del público. Frente a esta circunstancia, los agentes económicos se deshacen del exceso de dinero comprando bienes y servicios. Siendo uno de los más demandados el dólar norteamericano, como moneda de protección de patrimonio de los venezolanos, bien escaso que ante su demanda infinita, ha aumentado su valor progresivamente a niveles escandalosos durante el último año. 

Lo que está sucediendo con el Bolívar reivindica los postulados de los economistas monetaristas como Ludwig von Mises, Frederich Hayek y Milton Friedman. Los postulados, en términos sencillos, explican que cuando un banco central o autoridad monetaria, imprime dinero sin el respaldo de reservas, o de aumentos de productividad en la economía, los resultados, más temprano que tarde, los paga el consumidor por la vía de un repunte inflacionario, es decir, de aumento permanente de los precios.

Actualmente el país lidera el ranking de más alta inflación del mundo, y todo indica que así se mantendrá por largo tiempo hasta tanto no se realicen las correcciones de fondo ante semejante tragedia. El salario mínimo solo compra el 2% de la canasta básica alimenticia, y la Asamblea Nacional calculó la inflación del año 2018 en 1.698.488,2% mientras que para el 2019 el Fondo Monetario Internacional estima que alcanzará 1.000.000%

Ante la sombra de ese fenómeno inflacionario, que corroe la calidad de vida de millones de venezolanos en la actualidad, es urgente y necesaria la implementación de una política fiscal racional,  en la cual se suprima el financiamiento del gasto público, devolviendo a su vez la autonomía al Banco Central de Venezuela y orientar la política monetaria al logro de metas inflacionarias. 

Leer: Bloqueo “total” de Estados Unidos a Venezuela: ¿Y ahora qué?

La Inflación una Catástrofe Social

El escritor Alemán Thomas mann describe un certero comentario sobre este aspecto:

“Una inflación severa es la peor forma de revolución. Solo los más poderosos, ingeniosos e inescrupulosos, las hienas de la vida económica pueden salir airosos de la crisis, mas la gran masa de aquellos que depositaron su confianza en el orden tradicional, los inocentes y espirituales, todos aquellos que producen y son útiles, pero que no saben cómo administrar el dinero, los ancianos que esperaban vivir de lo que habían ganado, todos ellos están condenados a sufrir, esta clase de experiencias deterioran la moral de una nación”.

El mal desempeño en lo económico del actual gobierno “revolucionario” ha hecho perder la capacidad de asombro de las personas. Desempolvaron el viejo libreto, aquel libreto olvidado por los alemanes, que sufrieron las crueles consecuencias de las erradas políticas económicas inflacionarias, la revolución bolivariana desenterró el fallido modelo generador de inflación de Yugoslavia, Grecia y Hungría. Tan alocada situación económica ha llevado a propios y extraño a una transformación total, propias de un país en guerra. 

Los Venezolanos se están olvidando de como confiar en sí mismos, y a esperar  todo de la política del Estado, o en su defecto del destino, conciben la vida como una aventura peligrosa en el que los resultados dependen de fuerzas ajenas y misteriosas. La inflación ha transformado a la gente en cínica fría e indiferente, tal cual como a los alemanes de la  Weimar de entreguerras.

Es más que evidente, que el estado quebró. No solo económicamente, desatinó en su voluntad de devolver la esperanza al pueblo, confundido y torpe, el Estado sucumbió al país en la peor enfermedad, aplicó  la más letal receta económica, con la finalidad de postrar de rodillas a un país que no se rinde, y tarde o temprano recuperará su democracia y su afán de vivir en una Venezuela mejor.


ProEconomía es un medio digital independiente que se mantiene activo gracias a las donaciones sus colaboradores y lectores.

El proceso tarda unos 30 segundos. Y hace toda la diferencia.