Progreso: Lo que hemos prosperado, y como Venezuela puede recuperarlo

La frase: “en el pasado todo era mejor” es casi siempre incorrecta y viene dada por una percepción nostálgica errónea. Los datos, como veremos a continuación muestran una clara mejoría en los ámbitos sociales, económicos y políticos, algo que muchas veces no apreciamos como sociedad. La verdad, es que actualmente la mayoría de la población mundial vive un auge jamás experimentado por las generaciones anteriores, y casi todos los países han prosperado a niveles que antes parecían inalcanzables. Sin embargo, es cierto de que estamos lejos de vivir en una utopía, que aun hay grandes retos por delante y que hay países que se han estancado o han incluso retrocedido como en el caso de Venezuela.

El objetivo de este artículo es el de demostrar el progreso alcanzado mundialmente, el de identificar las fuerzas tras este desarrollo, proponer como Venezuela puede recobrar el rumbo progresista con la ayuda de estas fuerzas, y finalmente aclarar porque es tan esencial estar al tanto del progreso que hemos logrado como sociedad.

Midiendo el Progreso

En 1990 la ONU se autoimpuso una serie de objetivos para completar en el 2015. Uno de estos objetivos, y quizás el más ambicioso, era el de disminuir la pobreza extrema a la mitad. En el 2011, 4 años antes de lo esperado, el mundo clamaba victoria: el objetivo estaba cumplido.

Pobreza extrema

Para hacer más impresionante este logro, cabe destacar que solo 50 años atrás en 1969, más de la mitad de la población (52,6%) vivía bajo la penuria de la pobreza extrema. Actualmente, el 89,7% se encuentra por encima de esta condición, descartando que la gran mayoría habita en la clase media.

No es solo la pobreza lo que se ha logrado disminuir, en los últimos años varios indicadores de bienestar también han incrementado para mejor.

Primero, la expectativa de vida ha incrementado en todos los países del mundo. El promedio mundial subió de 65 años, de los cuales 56 eran años saludables en 1990, a 72 años, de los cuales 63 son años saludables en el 2019. Este fenómeno no es solo observable en los países desarrollados sino en aquellos en vías de desarrollo. Por ejemplo, en 1969 la expectativa de vida de EEUU, Chile y Vietnam eran de 70.6, 62.8 y 54.6 años respectivamente. En el 2018 estas cambiaron a 79.1 en EEUU, 80.7 en Chile y 74.9 en Vietnam.

Expectativa de vida

Segundo, la cantidad de víctimas en conflictos violentos ha disminuido exponencialmente desde 1946 (el primer año luego de la 2da Guerra Mundial), con un lamentable incremento en los últimos años debido al conflicto sirio. La siguiente imagen ilustra perfectamente esto.

Conflictos violentos

Otra notable mejoría, es la de alimentación a nivel mundial. En 1991 el nivel de desnutrición en la población era del 18,6% la cual, decreció a 10.9% en 2017. Esta tendencia se aprecia incluso en las regiones más vulnerables, como África Subsahariana, donde la desnutrición prevalecía en 33,34% de la población en 1991 y para el 2015 prevalecía en tan solo el 18,55%.

Incluso en el medio ambiente, el área donde obviamente no hemos estado a la altura, hay claras mejorías. Ejemplo de esto, es que el 2017 fue el decimocuarto año consecutivo donde la producción de energía renovable incrementó más de 10% acumulando así un aumento de más de 100% desde principios de siglo o, que en el 2016 se invirtieron 286 billones de dólares en energía renovable, 239 billones más que en el 2004.

Los mencionados son quizás los indicadores más relevantes, pero, hay una muy larga fila de otros que también muestran la misma tendencia irreversible.

Las Fuerzas del Progreso

Entender las fuerzas que nos han traído este vendaval de progreso, es poder mejorarlas, es poder corregirlas y es poder continuarlas, adaptadas a los nuevos retos del presente.

El progreso logrado en las últimas décadas tiene 3 protagonistas. El primero, es la tecnología. Los avances tecnológicos nos han permitido mejorar la prevención de enfermedades, a alimentar a un mayor número de personas y a conectar incluso a los más aislados a la economía internacional. Por ejemplo, 8 de las más de 30 vacunas desarrolladas (incluyendo hepatitis A y B) por el microbiólogo Maurice Hilleman han salvado a aproximadamente 129 millones de personas. Otro ejemplo, es la modificación genética de los cultivos del maíz, trigo y arroz por parte del agrónomo Norman Borlaug, que permitieron a países como Pakistán, México o India revertir su situación como naciones vulnerables a hambrunas a convertirse en exportadores de alimentos. Otras modificaciones genéticas en los cultivos, han permitido que en el 2015 la producción de estos fuera 300% más alta que en 1961, con tan solo 12% más de tierra usada. Demostrando, como innovaciones tecnológicas pueden mejorar la vida de millones de personas sin que estas siquiera lo noten.

La democracia es otro factor clave. En 1970, el número de democracias existentes no era mayor a 35 países, hoy en día ese número se encuentra en 88. El auge de la democracia ha traído consigo pluralismo político, libertades civiles y políticas, y la igualdad de derechos sin importar sexo, color, religión, clase social u orientación sexual. Adicionalmente, la democracia no solo trae consigo mejoras en el ámbito social sino también en el económico. El siguiente gráfico demuestra muy bien esta afirmación. Como se puede observar, los países con un índice democrático más alto, tienden a alojarse en la derecha, donde el PIB per cápita es mayor (algunos ejemplos se muestran). Hay valores atípicos que ocupan la parte inferior-derecha del gráfico, estos son países ricos en recursos naturales pero pobres en materia democrática como Arabia Saudita, Kuwait y Qatar.

Indice democrático

La última fuerza indispensable del progreso es la globalización. La globalización tiene la capacidad de esparcir ideas, tecnologías, bienes y servicios a través de las fronteras. Esto, ha permitido a millones de personas integrarse al mercado internacional y así elevarse sobre los niveles de pobreza. No es casualidad que la pobreza haya disminuido drásticamente mientras el planeta se ha vuelto más interconectado, y aunque la globalización a veces pueda generar efectos negativos, estos suelen ser más por cuestiones de ejecución, que por cuestiones de receta.

Recuperar el Camino

Existen casos atípicos como lamentablemente el de Venezuela. Aunque, hasta hace unos años atrás el país había logrado ciertos progresos, estos fueron dados más por contagio del progreso que se esta dando en el planeta que por acciones del gobierno, que, si se hubiera limitado a hacer absolutamente nada, las fuerzas progresistas hubieran penetrado más profundamente en el país. Pero, intervenir e impedir las fuerzas del progreso tiene últimamente un costo. El país se ha sumido en la peor crisis económica de la historia latinoamericana y es uno de los pocos países donde la pobreza está en aumento. Bajo algunas estimaciones, cada minuto 1.3 venezolanos entra en la definición de pobreza. La siguiente imagen muestra muchos otros ámbitos donde la situación del país ha empeorado.

Análisis de Venezuela

Revertir estas tendencias no será una tarea sencilla, requerirá de esfuerzo, ingenio, planificación, equivocaciones y aciertos. La solución, no pasará por una sola política o reforma y el esfuerzo para recobrar el camino progresista se tendrá que hacer en muchos frentes: laboral, educativa, monetaria, económica, política y demás.

Lo que sí está claro, es que el primer paso para cambiar el rumbo es permitir que las principales fuerzas del progreso incidan en el país. Se deben facilitar canales para el capital internacional, conectar la industria privada y pública a los mercados internacionales, modernizar tecnológicamente cada área de la economía y remodelar el gobierno para este sea inclusivo, democrático y promueva las libertades civiles.

Seguir Progresando

Cuando las personas exaltan nostalgia por un pasado que no fue, suelen olvidarse de lo duro que lucharon nuestros antepasados para escaparlo. El pasado estaba lleno de enfermedades que son hoy fácilmente curadas, de guerras, hambrunas y constantes abusos a las libertades civiles.

Sorprende entonces que el progreso o las fuerzas que lo impulsan sean muchas veces criticados. Una típica critica por ejemplo, es que en la actualidad el mundo se ha vuelto más desigual y esto suele confundirse con que las personas más vulnerables han empobrecido. Esto carece de sentido, ya que como vimos en los dos primeros gráficos la pobreza ha disminuido significativamente garantizando que más personas puedan vivir una vida digna y plena de beneficios que sus ancestros solo soñaron con tener. Adicionalmente, a pesar de  que es cierto que la tecnología y la globalización han creado ganadores y perdedores en el ámbito de ingresos, en lo que respecta a mejoras en calidad de vida solo hay ganadores. Cabe destacar, que en muchos de los casos que la desigualdad ha decaído la pobreza ha aumentado, tal y como ha pasado en Venezuela.

Reconocer el progreso, es bajo ningún motivo denegar de los muy complicados retos que aún tenemos por resolver o renunciar a generar nuevas ideas. Reconocer el progreso, nos sirve para no creer en autoproclamados salvadores que usan el miedo para atraer votos y seguidores. Reconocer el progreso, es creer en la razón, en el debate de ideas, en la verdad respaldada por hechos y datos. Reconocer el progreso es finalmente sobre mejorar lo que funciona, cambiar lo que no, imaginar nuevas formas de progresar y de entender como podemos recobrar el camino a la prosperidad si lo hemos abandonado.

En Venezuela, el desafío no es volver al pasado o quedarnos en el presente. Es mirar al futuro y a lo que se ha logrado a nivel mundial a través de las fuerzas de la prosperidad, para iniciar la construcción de una sociedad cuyo objetivo sea el de mejorar continuamente.

 


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Licenciado en Administración de Negocios Internacionales, University of Westminster. Estudiante de Master en Finanzas y Comercio Marítimo, Henley Business School – University of Reading.