Preferencia temporal, riesgo y neurofinanzas

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En el mundo de las decisiones financieras (inversión, ahorro, consumo intertemporal), el componente emocional de la toma de decisiones juega un rol crucial, a pesar de la extendida creencia de que el financiero es un mercado de finos y sesudos análisis costo-beneficio, y de modelos predictivos complejos, cuidados y ultra-racionales. Veamos algunos tópicos de interés en Finanzas, pero matizados desde el punto de vista de las modernas Neurociencias Cognitivas.

Preferencias temporales en el cerebro

Para estudiar y modelar las decisiones intertemporales, la economía tradicional generalmente ha usado como marco teórico a la teoría de utilidad descontada, basada en la idea de que los agentes económicos prefieren más una recompensa similar si se la obtiene en el presente que en el futuro; y de manera similar, los costos a futuro serían menos dolorosos que los costos a afrontar hoy.

Para ejemplificar, la evidencia empírica sugiere que si a una persona le dan a elegir $100 ahora o $110 mañana, generalmente prefiere $100 ahora, mientras que si a la misma persona le dan por elegir $100 en dos años o $110 en dos años y un día, podría llegar a preferir $110 en dos años y un día sin ningún problema. Pareciera entonces que las tasas de descuento tienden a ser mayores en el corto plazo que en el largo plazo. Desde el punto de vista neuro, surgen entonces las siguientes preguntas: ¿Cuál es el mecanismo detrás de estas decisiones intertemporales? ¿Surgen de un mecanismo de preferencia único o de sistemas múltiples que interactúan?

Buscando responder dichas preguntas, Samuel Mc Lure, David Laibson, George Loewenstein y Jonathan Cohen, usando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI), examinaron el correlato neural del descuento de tiempo mientras los sujetos realizaban elecciones entre opciones de recompensas monetarias que variaban en el tiempo de recepción.

El experimento consistió en dar a elegir a los participantes entre una suma en el corto plazo y otra en el largo plazo, siendo menor la primera suma que la segunda. Ambas opciones estaban separadas por un rezago temporal mínimo de dos semanas, y en algunos pares de opciones, la opción más temprana estaba disponible inmediatamente.

La hipótesis era que el patrón de comportamiento de los dos parámetros (β y δ) de la función de descuento intertemporal surge de la influencia conjunta de procesos neurales distintos. El β relacionado con el sistema límbico y el δ relacionado con la corteza prefrontal lateral y demás estructuras asociadas a funciones cognitivas superiores (las más racionales).

¿Qué resultados obtuvieron los investigadores? Básicamente, que habrían dos sistemas involucrados en tales decisiones intertemporales:

1. Partes del sistema límbico (zona emocional del cerebro) asociadas con el sistema de dopamina del cerebro central, incluyendo el cortexparalímbico, que se activarían ante decisiones que involucran recompensas disponibles inmediatamente.

2. Regiones del cortex prefrontal lateral y del cortex parietal posterior (zonas eminentemente racionales del cerebro), uniformemente involucradas en decisiones intertemporales independientemente del retraso en el tiempo.

Este hallazgo neuroeconómico se condice con la evidencia de que los consumidores actúan impacientes hoy pero prefieren actuar pacientes en el futuro, apoyando además la hipótesis de que diferentes sistemas neuronales se activan ante decisiones intertemporales: la impaciencia del corto plazo, que está conducida por el sistema límbico (emocional, no deliberativo), y que responde preferentemente a recompensas inmediatas y en menor medida a recompensas futuras; y la paciencia del largo plazo, dominada por la corteza prefrontal lateral y estructuras asociadas (las partes más deliberativas de nuestro cerebro), que pueden evaluar racionalmente intercambios entre recompensas abstractas, incluyendo recompensas en períodos más largos.

Neurotransmisores del riesgo financiero

En los mercados de valores se suele observar muy a menudo que los inversores cortan rápido las ganancias, pero que aguantan mucho las pérdidas. Esto es debido a que los seres humanos tenemos una tendencia innata a evitar la pérdida. Desarrollamos una serie de mecanismos cerebrales para hacer todo lo posible por minimizarlas. Tendemos a movilizarnos mucho más con el hecho de evitar la pérdida que con la consecución de una ganancia.

Las Neurociencias muestran que determinadas regiones del cerebro, implicadas con los sistemas de recompensa, son cruciales para olvidar (o disminuir) el dolor por las pérdidas financieras. Se cree que un neurotransmisor, la noradrenalina, es esencial para la respuesta ante la pérdida de dinero. Los varones con elevados niveles de noradrenalina son menos sensibles al dolor ante las pérdidas financieras.

Otro neurotransmisor importante, la dopamina, también juega un rol crucial en la toma de riesgos financieros. Diversos estudios científicos encuentran que el aumento de los niveles de dopamina en adultos sanos lleva a elegir opciones inversoras/apostadoras más riesgosas que el promedio.

También la investigación neurocientífica reciente ha puesto de manifiesto la posibilidad de que las hormonas endógenas de los agentes de bolsa, en particular, la testosterona y el cortisol, pueden afectar críticamente la toma de decisiones financieras en los mercados.

Investigaciones recientes muestran que el cortisol, una hormona que modula la respuesta al estrés físico o psicológico, predice la inestabilidad en los mercados financieros. En un estudio concreto, se tomaron muestras de niveles salivares de cortisol y testosterona en personas que participaron en un experimento controlado (142 personas de muestra), y se encontró que los niveles individuales y combinados de cortisol endógeno predicen la posterior asunción de riesgos y la inestabilidad de precios del mercado.

En resumen, desde el punto de vista de las Neurofinanzas, entender el rol de determinados neurotransmisores y/o áreas cerebrales, tanto en la toma de decisiones intertemporales como en la predisposición a la asunción de riesgos desmedidos, pareciera jugará un rol preponderante en los próximos años, con la idea de entrenar al cerebro a fines de mejorar la performance inversora, y no llegar a situaciones extremas de desestabilización y volatilidad como se suelen ver a menudo.

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Economista. Posgrado en Neurociencias Cognitivas Aplicadas a las Organizaciones. Aficionado a la Neuroeconomía.

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