El mito llegó: El incentivo electoral en la elección de Bolsonaro

Fotografía: nytimes.com

Jair Messias Bolsonaro es un político muy polémico. Tal vez, uno de los diputados federales menos productivos, pero más apoyado de la historia electoral de Brasil. Su personalidad, discurso e inhibición al manifestar sus opiniones, francamente controversiales, le han mantenido en la órbita electoral brasileña por 30 años ininterrumpidos. Finalmente, contra todo manual de marketing político, el candidato de la anti cortesía llegó a ser el presidente más votado de Brasil: “o mito chegou” (el mito llegó).

Ayer, al momento de ejercer su sufragio, usó un chaleco antibalas. Militares, policías federales y perros olfateadores de explosivos requisaron la escuela que le sirvió de centro electoral. Las medidas de seguridad, que parecieran ser extremas, son muestra de la fe que sus partidarios profesan al mesías, el mito o el capitán, como también es conocido.

El candidato de los “evangélicos, patriotas y militares” es, a su vez, acusado de “populista, xenófobo y sexista”. Mientras él mismo se promocionó como el “salvador de un país corrompido por la violencia, la corrupción y la crisis económica”, quienes lo repudian asumen que en su gobierno se exacerbaran los prejuicios hacia los negros, mujeres, nordestinos, pobres y la comunidad LGTBI. Se espera que para el próximo año las protestas y el enfrentamiento social agudice la polarización que ha venido dominando la esfera política brasileña, desde el descontento generalizado que ha supuesto la exposición pública de la trama de corrupción entre políticos, constructoras y petroleras en el caso Lava Jato, la destitución del Dilma Roussef y el encarcelamiento de Lula Da Silva.

La historia de Bolsonaro está plagada de controversias y ambiciones. “o mito” (el mito) es un ex militar de reserva, que sirvió desde 1971 hasta 1988, año en el que se pasó a la política luego de que fuese arrestado en 1986 por “incumplimiento de los regulaciones del ejército”, al haber publicado un artículo donde denunciaba el bajo salario de los soldados. Poco después, la misma revista publicó un supuesto plan de Bolsonaro para explotar bombas en varios cuarteles, villas militares, acueductos y oleoductos de Río de Janeiro. En junio de 1988, llevado a juicio, el tribunal lo consideró “víctima de un proceso viciado” y fue declarado inocente. Toda esa exposición en los medios de comunicación contribuyó a que fuese elegido concejal para el Ayuntamiento de Río de Janeiro con el apoyo del Partido Demócrata Cristiano (PDC), pero inmediatamente en 1990 fue elegido diputado federal.

En 1993 se manifestó a favor del retorno del régimen de excepción y el cierre temporal del Congreso Nacional. Por esas declaraciones, el corregidor del Congreso solicitó al Procurador General de la República una acción penal contra Bolsonaro por un supuesto crimen contra la seguridad nacional. Sin embargo, por presiones militares del más alto rango, Bolsonaro fue exonerado de cualquier sanción. Sus polémicas supusieron que al año siguiente se reeligiera con el doble de votos.

En 1999 Bolsonaro se manifestó a favor del fusilamiento del ex presidente Fernando Henrique Cardozo, de la pena de muerte por cualquier crimen premeditado y de ser admirador del presidente Hugo Chávez y el proceso constituyente. Siendo apologista de la dictadura militar brasileña, de la que refiere como la época más gloriosa en la historia de Brasil, afirmó en una discusión con manifestantes en 2008 que “el error de la dictadura fue torturar sin matar”.

Por éstas y otras controversiales declaraciones, el defensor del eslogan “moral y patria” acumula amor y odio de millones de brasileños. En un reciente editorial del New York Times titulado “Jair Bolsonaro pone en riesgo la democracia en Brasil” se dice que:

“Los signos de la política han cambiado y nadie en Brasil lo ha entendido mejor que Bolsonaro. El aspirante de extrema derecha ha sabido usar el lenguaje de las redes sociales: en vez de debatir ideas, culpa a quien no está de acuerdo con él. Bolsonaro es como un meme que se hace viral porque difunde opiniones fáciles. Su discurso transita entre la rabia y los prejuicios. Pasó de ser un diputado anónimo, al líder de las encuestas porque un número significativo de brasileños (cansados de la violencia, el caos de la política pos-Odebrecht y el avance de la agenda progresista de la izquierda) apoya sus posturas conservadoras de ruptura y su mano dura. Bolsonaro dio con una fórmula atractiva en un país atribulado: ofrecer soluciones simples para problemas complejos.”

Bolsonaro se presentó a los brasileros como el único candidato honesto de todos los presidenciables.

Sin embargo, paradójicamente, por una década formó parte del Partido Progresista (PP), el partido con el mayor número de políticos bajo investigación por la operación Lava Jato. Por eso, en enero de este año se pasó al Partido Social Liberal. Desde esta estrategia electoral, el partido inició una rápida reforma ideológica para adaptarse al perfil de Bolsonaro, abandonando el socioliberalismo (que propugna a favor de bienestar social y la justicia social, oponiéndose al autoritarismo pero legitimando al Estado para intervenir en temas como la educación, sanidad, y pobreza, derechos civiles y discriminación) para asumir una postura más liberal económica (apoyando la privatización y descentralización) y conservadora (en contra del aborto, la legalización de la marihuana y la enseñanza de la identidad de género en las escuelas).

La bandera de la propuesta electoral de Bolsonaro es, además de reducir el gasto público (inicialmente con el corte de varios ministerios y combatir la corrupción), combatir la violencia a través de la propuesta de posesión de armas y reducción de la edad legal a 16 años para redirigir la política de derechos humanos, priorizando la defensa de las víctimas de la violencia y no la del victimario. Para eso, Bolsonaro propone que los policías en el ejercicio de sus funciones, tengan inmunidad para no ser sentenciados por asesinato.

En 2007 Bolsonaro declaró que sentía admiración por Enéas Ferreira Carneiro, un ex diputado federal y candidato presidencial, a tal punto que estuvo a punto de afiliarse al Partido de la Reedificación del Orden Nacional (PRONA): un partido heredero del partido fascista brasileño de la década de 1930, Acción Integrista Brasileña. Las principales consignas del ahora desaparecido PRONA era la defensa de los valores morales de la nación, la construcción de un programa nuclear para Brasil y un incremento de la actividad militar para luchar contra la propagación del socialismo.

Ahora, como candidato a la presidencia, Bolsonaro prometió que las Fuerzas Armadas integraran varios ministerios para evitar la corrupción y burocracia; además de reformas laborales y de pensiones “con menos derechos pero más puestos de trabajo”. Su futuro ministro de Economía y Hacienda, que es un doctor en economía de la Universidad de Chicago, ha propuesto un programa para minimizar la injerencia del Estado en la economía, la independencia del Banco Central y privatizaciones. Sin embargo, Bolsonaro prometió que mantendría, e incluso aumentaría, las ayudas sociales como Bolsa Familia.

En lo educativo, propone que se elimine “el marxismo cultural” del currículo de universidades y escuelas, para que sea suplantando por una educación basada en moral y cultura cívica. Prometió que para 2021, en cada capital de los estados de Brasil habrá una escuela militar. A pesar de su estilo autoritario, Bolsonaro afirmó: “voy a gobernar al lado de la Constitución (…) este gobierno será un defensor de la Constitución, la democracia y la libertad”, inmediatamente después de conocerse el resultado electoral.

“O mito” consiguió el 55,13% del electorado brasileño, el cual básicamente se compone de opositores al petismo (Partido de los Trabajadores, PT), evangélicos conservadores y partidarios del ultranacionalismo. Por su parte, el presidente del Tribunal Supremo Federal (STF) advirtió que: “el futuro presidente debe respetar a las instituciones, a la democracia, al estado de derecho, al Poder Judicial, y al Congreso Nacional”.

Ya lo dijimos, Bolsonaro es un político polémico; pero también ambicioso y franco. Supo dirigir su discurso hacia varios electorados, aglutinándolos en una nueva fuerza política en cuestión de meses. Su campaña, tal vez una de las más baratas de la historia reciente de la democracia latinoamericana, rompió con muchísimas de las reglas del marketing político contemporáneo. A pesar de que hace un año hubiese sido improbable su elección, Bolsonaro ha demostrado que no es necesaria la fabricación de un perfil candidateable, el apoyo de la maquinaria de un partido o el clientelismo de los empresarios para ganar una elección. Bolsonaro siempre ha sido Bolsonaro: irreverente, agresivo y espontáneo.

Después de una violenta campaña en la que sufrió un atentado a principios de septiembre, seguida por las agresiones de sus seguidores más radicales contra homosexuales y simpatizantes del socialismo, Bolsonaro asumirá la presidencia en enero de 2019. En su discurso, al confirmarse su victoria electoral enfatizó que:
“No existen brasileños del sur y del norte, somos todos un solo país, somos todos una sola nación: una nación democrática (…) Este es un país de todos nosotros (…) un Brasil de diversas opiniones, colores y orientaciones”.