¿Por qué la dolarización puede ser una buena idea?

Fotografía: Mark Wilson / Getty Images

En una famosa expresión, John Maynard Keynes, uno de los más prolíferos economistas de la humanidad, afirmó que en el “largo plazo todos estaremos muertos”.

Precisamente, criticaba la economía neoclásica y su “laissez faire, laissez passer”, expresión francesa que significa “dejar hacer, dejar pasar”; una doctrina que se opone a la injerencia gubernamental en asuntos económicos.

Hoy sabemos que el largo plazo se construye en economía si y solo si, adecuadamente administramos la política macroeconómica de la coyuntura.

Contrario a lo que ha sido la economía de Venezuela en los últimos años donde el “dejar hacer, dejar pasar” se ha hecho presente, en los últimos días un grupo de notables economistas han abierto el debate sobre las posibles políticas económicas para frenar el deterioro económico que hoy presenciamos.

Este debate se ha centrado en la dolarización; esta aparece como la solución definitiva no solo para la desenfrenada inflación que vivimos en los últimos meses sino para la persistencia inflacionaria que ha caracterizado a la economía venezolana durante las últimas cuatro décadas y media.

En los artículos de los notables economistas VeraBalza, entre otros, se señalan una serie de inconvenientes que podrían acarrear una dolarización en Venezuela.

Sin embargo, hacen ver como si se estuviera planteando la dolarización como la solución mágica a todos los problemas que ha venido arrastrando la economía venezolana. Lo que realmente sucede es que para que la dolarización sea un proceso exitoso, necesariamente debe venir acompañada de una serie de políticas, hecho que sus partidarios tenemos muy en cuenta.

¿Se pierde autonomía o se limita la corrupción?

Lo primero que debe decirse es que para dolarizar es necesario tener dólares y los dólares son emitidos por la Reserva Federal de EE.UU., por eso al asumir una dolarización se estaría renunciando a dos herramientas de política económica: la política monetaria y la política cambiaria.

Sin embargo, son dos herramientas que en Venezuela no se han utilizado correctamente en décadas.

La política monetaria ha servido para monetizar profundos déficits fiscales (este punto lo tocaremos más adelante); mientras en política cambiaria, la mayor parte del tiempo se ha optado por mantener un tipo de cambio sobrevaluado incentivando las importaciones desde el resto del mundo, en vez de incentivar las exportaciones desde Venezuela.

Fuente: BCV, Census Bureau

Ese tipo de cambio sobrevaluado, su correspondiente incentivo a las importaciones y los controles de cambio se han constituido por décadas en una fuente de corrupción debido a que el que obtenga esos dólares “baratos” puede hacer fortunas, ya sea importando bienes para venderlos en el mercado interno a precios más elevados, sobrefacturando importaciones, entre otros métodos.

Por otro lado, estas fortunas que se han obtenido por estos métodos perversos muchas veces terminan en el extranjero y ni siquiera son reinvertidas en país para crear empleos y crecimiento económico.

Una muestra de ello es que para el año 2015, los depósitos de venezolanos en cuentas extranjeras se situaban en 161.640 millones de dólares, según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV).

Para tener una idea de la magnitud de estas cifra, con ella se podrían haber construido 27 plantas hidroelectricas como la planificada en Tocoma, 40 veces la línea 5 del metro de Caracas, 58 puentes sobre el Río Orinoco o simplemente pagar gran parte de la deuda externa que ahora mantienen al país ahogado financieramente.

Esta acumulación de grandes excedentes privados en el extranjero a costa de déficits públicos crónicos, se ha constituido en uno de los principales frenos al desarrollo económico del país.

Según la experiencia de otros países, la dolarización reduciría las posibilidades de la corrupción que se da por la vía del manejo de la política monetaria y cambiaria. Por sí solo este efecto ya sería suficiente para generar condiciones de crecimiento económico sostenible.

Este sería precisamente uno de los principales atractivos de la dolarización, ya que se si se tomaran las medidas necesarias manteniendo una moneda soberana, no hay razones para pensar que en un futuro estaría garantizado que estas situaciones no se repitan a conveniencia de los intereses individuales de quienes sustenten el poder político.

¿Tenemos suficientes dólares para dolarizar?

Otro de los obstáculos que han mencionado diversos economistas, es la falta de divisas en las reservas del BCV.

Este argumento no está tan alejado de la verdad, según cifras de la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos las reservas internacionales líquidas a finales de 2016 se sitúaban en apenas 2.054 millones de dólares.

Sumado a esto el país enfrenta una seria restricción externa, el saldo en la cuenta financiera de la balanza de pagos sigue siendo deficitario y al menos hasta el año 2027 el servicio de la deuda externa es en promedio de 7.950 millones de dólares anuales.

Adicionalmente, la economía del país según estimaciones propias necesitaría cerca de unos 30.000 millones de dólares anuales en importaciones para que se reactive la economía.

Además,  la actual situación de descalabro en PDVSA, empresa que genera el 96% de las divisas que ingresan al país, hace pensar que la dolarización no sea factible.

Obviamente se necesitaría una cantidad determinada recursos en divisas que permita respaldar el proceso de dolarización. Por lo que se hace inminente asistir a los entes multilaterales (Banco Mundial, FMI, CAF, etc.) para acceder al crédito internacional y renegociar los pasivos internacionales (deuda externa).

En este punto es donde es importante la experiencia de Francisco Rodríguez como economista jefe del banco de inversión Torino Capital y principal valedor de la dolarización. El mismo ha fungido como principal asesor/intermediario entre los tenedores de deuda venezolana y el gobierno nacional, por lo que su relación con los inversionistas internacionales podría catalogarse de buena.

Los tenedores de la deuda venezolana ante un incremento del riesgo de impago por parte del gobierno actual no verían del todo mal esta opción que les garantice un retorno de sus inversiones.

¿La dolarización efectivamente acabaría con la inflación?

Venezuela actualmente tiene un sistema de precios destruido, muchos de los precios se encuentran indexados al dólar paralelo, cosa que ha hecho que los precios relativos sean un desastre.

En la economía venezolana existen bienes que en dólares son muy baratos y otros que son muy costosos con respecto al precio internacional.

Por eso es que en algún momento el precio del metro cuadrado en las zonas premium de Caracas se asemejaba al precio del metro cuadrado en Nueva York o un automóvil usado es mas mucho costoso que en el extranjero. También hay precios relativos de alimentos como los huevos, la avena, el queso y otros alimentos que actualmente se encuentran a un tipo de cambio mayor al paralelo.

Por otro lado, tenemos bienes con precios muy bajos si se comparan con los precios internacionales como la gasolina o la electricidad. Según cifras oficiales, el precio promedio per cápita de kilovatio por hora (Kw/h) se encuentra por el orden de 0,0020 centavos de dólar al tipo de cambio oficial y 0,00026 al tipo de cambio paralelo, uno de los más bajos del mundo.

Al dolarizar el Gobierno de turno quedaría imposibilitado de financiar déficits presupuestarios con la impresión de dinero. Así, el circulante pasaría a depender exclusivamente de las exportaciones, el financiamiento externo y la inversión extranjera.

Tampoco se podría devaluar la moneda para obtener más recursos, esto disminuiría la incertidumbre sobre la economía del país, creando confianza, que en última instancia se traduciría en inversión, tanto nacional, como extranjera, así como también se activa el comercio internacional.

Todo esto contribuiría a aumentar la oferta local de bienes y servicios con lo que se tendería al equilibrio con la demanda doméstica y así a una estabilización de los precios.

Las referencias de precios volverían a la normalidad; todos convergerían a su equilibrio, es decir, los precios de los bienes que se son muy costosos inevitablemente descenderían, mientras los precios de los bienes que son muy bajos ascenderían.

En cuanto a los salarios estos dependen de la productividad, mientras mayor sea la productividad mayor tenderán a ser los salarios. A través de la inversión se incrementaría la demanda de empleo y así aumentaría el ingreso, no sólo por la creación de nuevos puestos de trabajo, sino también por una mayor productividad.

¿Vulnerabilidad a los shocks externos o dependencia eterna del petróleo?

No es ningún secreto que la economía venezolana es altamente dependiente de la exportación de petróleo por lo que la dolarización incrementaría la vulnerabilidad de nuestra economía a la volatilidad de los precios de este.

No sólo se hace más vulnerable a las oscilaciones del precio del petróleo sino también a cualquier tipo de shock externo, por no disponer de la devaluación como instrumento de política para compensar sus efectos adversos.

Sin embargo, este riesgo podría reducirse creando un fondo de estabilización macroeconómica donde se ahorren recursos durante los tiempos de altos precios para financiar los tiempos de bajos precios.

Quienes dan este argumento simplemente dejan en evidencia que no hay una verdadera disposición de romper con la dependencia al petróleo. Que realmente no hay intención de realizar los cambios estructurales que requiere la economía para tomar la senda del crecimiento económico sostenible.

Tomando las palabras de Gallo, “pareciera que se quiere seguir disponiendo de la posibilidad de emitir dinero inorgánico para financiar el gasto público en medio de las crisis. Hace sospechar entonces que se trata sencillamente de repetir el quítate tú para ponerme yo”.

¿Por qué el chavismo y la oposición coinciden en que la dolarización es una mala idea?

Desde el lado oficialista los economistas Curcio y Faría han apelado a los sentimientos patriotas para rechazar la dolarización.

Sin embargo, la peor deshonra que puede hacerse al héroe es utilizar su nombre para identificar una moneda que carece de valor y que nadie quiere tener en sus haberes.

Recurrir al argumento de la necesidad de mantener una moneda nacional con el nombre del Libertador para honrar su memoria y exaltar nuestra nacionalidad en deprimento de un desarrollo económico que en definitiva se transforme en un mejora en la calidad de vida de toda la población, no es precisamente una actitud patriota.

Aquellos que hoy critican la dolarización a través de la manipulación del conocimiento científico o apelan a los sentimientos nacionalistas de la población parece que quieren mantener los mismos lastres que han frenado el desarrollo económico del país durante décadas.

Parece que quieren que la historia se repita una y otra vez, que los pobres dependan de las dádivas del Gobierno de turno para controlarles así sus vidas y conciencias, para garantizar votos a través del agradecimiento por las dádivas recibidas.

¿Será ésta la razón por la que los políticos y analistas de la oposición y del gobierno coinciden sobre la dolarización?

En una economía dolarizada no queda otro camino que imponer la disciplina fiscal, tener fondos de ahorros transparentes para los tiempos de crisis, diversificar la economía y activar el verdadero aparato productivo.

¿Será que ha llegado el momento de que se piense más en el país, en sus ciudadanos y menos en el beneficio personal de los grupos de poder de siempre?.

Para finalizar, justo por ser la dolarización un proceso prácticamente irreversible, es que esta medida obligaría a ir por ese camino del desarrollo sin retorno lejos de intereses partidistas.

Ha llegado el momento, “en el largo plazo todos estaremos muertos”.