Vivimos cambios de tiempos

Lo caótico solo es un reflejo de la impotencia de los lentes con que percibimos la realidad. A percepciones más profundas, realidades más profundas.

Imagen: Humberto Acciarressi Digital

El 2017 en desarrollo hace más evidente, el borboteante caos en el estado de cosas. Los acontecimientos internacionales, las diatribas nacionales y los conflictos internos nos muestran cada vez más el abismo irrevocable del caos. La tragicomedia es el recurso literario del balancín de la historia. Es el momento de dar el salto.

Ya en caída libre nos preguntamos ¿qué está sucediendo?

Nadie puede negar que un thriller de Hitchcock es lo más cercano a la experiencia directa de este caos o crisis orgánica que vivimos. La incertidumbre y el miedo van reinando poco a poco la escena de algo viejo que no termina de morir y algo nuevo que no termina de nacer, mientras que en el claroscuro van apareciendo los innombrables monstruos que creíamos ficción, que atribuíamos sólo a mentes calentonas, mientras que cómodos, veíamos tele tomando café en pantuflas.

¡Nada más cómodo que dormir! Y aun así todo sucede mientras dormimos. No queremos recordarnos el final –o el reinicio- de la película. Conocemos el desenlace, pero preferimos dedicar nuestra atención a cada detalle de la trama. Durante la inmersión subestimamos nuestra intuición y minimizamos las probabilidades. Tenemos la respuesta, sólo basta despertar.

¿Ya despertamos?

Millones de veces, la historia natural y de la humanidad ha demostrado la aparición de puntos cero en su laaaaargo recorrido. Solo pensemos en la mente humana y su cosmovisión desde el supuesto de la Tierra plana. Luego imaginemos los momentos del cambio ontológico y paradigmático en el descubrimiento de la redondez de la tierra por el sujeto. Fue todo un espectáculo. No soy un centro estático que observa el movimiento externo, yo también soy movimiento. Sólo imaginarlo da vértigo.

Ahora pensemos en el internet. Lo usamos todos los días y es cada vez más útil en nuestras vidas. Fue tan solo en los 90 que se popularizó y hoy cuan diferentes somos en tan poco tiempo gracias al internet. ¿Comprendemos la magnitud del cambio? Hoy el tiempo de llegada de una carta, es decir, un teeeeexto, de Caracas a Bogotá tarda tres días (27.000 segundos). Si usas correo electrónico o prefieres el whatsapp tan solo son dos o tres segundos. ¡La reducción temporal es exponencial! La percepción espacio-temporal fue transformada definitivamente y nosotros somos actores principalísimos del punto cero. ¿Ahora lo entendemos?

No basta con saber que vivimos puntos cero. Los sujetos, inmersos en este tipo de procesos evolutivos, deben decidir la continuidad o la discontinuidad de la realidad tal y como es. Estos saltos cuánticos dependen esencialmente de la capacidad de adaptación de la especie a los elementos de lo nuevo, es decir, comprender los puntos emergentes -tanto en la realidad interna como externa- y darle cauce al cambio evolutivo.

En este sentido el sujeto deviene en tejedor, uniendo, ajustando, amarrando los nuevos nodos en una nueva matriz que garantice condiciones de estabilidad para la vida. Son elementos o puntos emergentes porque provienen de lo viejo, pero unidos y ajustados en un nuevo nodo son cualitativamente diferentes (negación de la negación o destrucción creativa, como prefiera) en su misión de lograr la continuidad.

Seamos tejedores de una nueva red, es decir, una nueva configuración total de nuestras vidas, tal cual formateo a nuestros computadores, con una gran capacidad adaptativa a tiempos turbulentos, paradigmas rotos, preguntas sin respuestas y respuestas sin preguntas.


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