Salario mínimo, inflación máxima

A menudo me preguntan acerca de los recurrentes aumentos de salario mínimo que se dan en Venezuela y sus consecuencias en el crecimiento de los precios. Lo primero que hay que tener claro es que todo aumento de salario tiene una incidencia directa en los costos de las empresas que debe ser trasladado directamente al precio a fin de poder asumir ese pago. Cuando los aumentos son recurrentes, su incidencia en la estructura de costos se incrementa pues los mismos no vienen acompañados de aumentos en la productividad y generan cierre de empresas y desempleo. Esto es ley.

Es por ello que resulta contradictorio que el gobierno bolivariano, responsable directo de la creación del proceso inflacionario que se vive actualmente, intente de manera demagógica y populista paliar las consecuencias de sus acciones irresponsables. Esto puede ocurrir por dos cosas, ignorancia y/o porque forma parte de un plan perfectamente diseñado para empobrecer a la población y luego perfeccionar mecanismos de control social con fines político-electorales.

Francamente considero que en el caos venezolano aplica más lo segundo, aunque lo primero no debe ser desestimado en ningún momento. Ante esto es completamente absurdo ver como un presidente, en cadena nacional, se enorgullece de mostrar ante el mundo que durante 18 años de revolución bolivariana se han decretado más de 40 aumentos de salario mínimo, (en un país normal, sería un aumento por año) sin ni siquiera inmutarse o avergonzarse. ¿Burla o sarcasmo?

Ahora yo me pregunto:

¿No hay ni siquiera un ministro o personaje subalterno que pueda indicarle al presidente que está haciendo alarde de su fracaso como gobernante?

¿Nadie se percata que cada aumento de salario mínimo es un aporte sustancial al incremento de los precios?

Pareciese que no. Porque si a ver vamos, el gobierno se ha convertido en un arma de destrucción masiva de la calidad de vida de los ciudadanos y todas las acciones que ejecutan parecen guiadas por una lógica perversa. O tal vez es una acción intencional.

Los aumentos de salario jamás funcionarán en una economía que ya se encuentra a niveles de hiperinflación, por el contrario, contribuirán a incrementarla. No es mi intención teorizar acerca de lo que es este desequilibrio económico de consecuencias tan negativas, ni tampoco hacer una análisis de sus causas, pero vistos los niveles de incremento de los precios como consecuencia de los aumentos salariales, no se puede dejar de mencionar

¿Se puede hacer algo?

Venezuela no ha sido el único país que ha pasado por este proceso. Alemania, Hungría, Argentina, Brasil, Perú, Argentina y más recientemente Zimbabwe, por citar algunos, vivieron hiperinflaciones donde también los salarios eran incrementados constantemente pensando que con ello podrían garantizar capacidad de compra pero tampoco obtuvieron resultados favorables. Más bien, contribuyeron a acelerarla y profundizarla.

En tal sentido, existen medidas económicas puntuales que permiten iniciar un lento proceso para disminuir inflaciones tan elevadas; aunque la gran mayoría de los casos ha optado por dolarizar o anclar la moneda a una divisa más estable lo que se ha convertido en la medida por excelencia. Sin embargo, existen otras opciones menos radicales que la dolarización que pueden ser efectivas y contribuir a mermar las causas.

Lo primero que indica el “manual” es que el gobierno bolivariano, en un acto de responsabilidad, debería dejar de gastar más de lo que le ingresa y ajustarse de manera estricta a un presupuesto con el fin de permitirle al Banco Central de Venezuela ser medianamente independiente y de esta manera eliminar el financiamiento del déficit fiscal que se genera producto del gasto irracional y sin control. Esto no está nada fácil para un gobierno mal acostumbrado a utilizar el dinero público sin restricciones y a manos llenas, siempre financiado por la autoridad monetaria.

Lo segundo es promover la seguridad jurídica para atraer inversiones tanto nacionales como extrajeras dirigidas a reactivar el aparato productivo nacional. Esto se traduce en eliminar el sesgo ideológico que dirige el accionar económico, que va desde los controles de precio y de cambio hasta el ansia incontrolable del gobierno por ejecutar actividades económicas que no le son propias y que de paso hace de manera mediocre. También comprende generar confianza en un sistema judicial, catalogado como uno de los más imparciales y deshonestos del planeta. Nada fácil.

Como tercer punto, es impostergable definir políticas públicas dirigidas a incrementar la productividad. Sin productividad no hay posibilidades de alcanzar una mejora importante a nivel de incremento de la oferta de bienes y servicios dirigida a satisfacer la demanda. Aquí el gobierno bolivariano tiene en su curriculum vitae el haber desaparecido más de 10.000 empresas en su larga y penosa gestión. Situación complicada.

Por último, taxativamente, no más aumentos de salario mínimo. Son medidas contraproducentes y sumamente dañinas. Incrementos de salario no acompañados de aumentos en la productividad, generan inflación por la vía de costos. Los salarios jamás van a alcanzar a la inflación. Caer en esta dinámica es contribuir con este impuesto tan regresivo. Pero, les encanta anunciar salarios mínimos que son insuficientes.

Como se puede apreciar, quienes con sus erradas decisiones de política económica nos han traído a escenarios nunca pensados ni en los peores tiempos de la mal llamada cuarta república, con el subsecuente deterioro en la capacidad de compra del salario, no están en condiciones, ni tienen la voluntad de generar las acciones adecuadas para revertir el proceso, lo cual indica que la situación empeorará en los próximos meses pues se siguen aplicando las mismas medidas fracasadas.

Al final… ¿Será la hiperinflación el suicidio de la revolución bolivariana?


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