Más pólvora para la candela, control de precios en hiperinflación

“La mejor forma de destruir la civilización occidental, sin disparar un solo tiro, es desquiciar su moneda” Lenin

Uno de los resultados más palpables de la política inflacionista de control de precios implementados en Venezuela desde hace más de 15 años, lo observamos en la subida sostenida de los precios de bienes y servicios, escasez y desabastecimiento general de los productos esenciales para la vida, cuyas consecuencias han repercutido directamente en el pueblo, especialmente y de manera cruel en los más desposeídos.

La actual Inflación que se ha gestado en Venezuela durante los últimos años deriva de varios factores, pero quizás los más relevantes provienen del fenómeno de los costos esperados de reposición, por presión de costos y por la impresión de dinero inorgánico por parte del Banco Central para cubrir el déficit fiscal, este último con mucha más influencia que los anteriores, al considerarse la esencia de toda inflación.

El fenómeno de los costos esperados de reposición, ocurre cuando los empresarios conscientes de un aumento futuro de sus costos, elevan sus precios en anticipación a esos costos esperados. Mientras que la inflación por presión de costos ocurre por el aumentos constantes de alguno o todos los elementos del Costo por un tiempo determinado, materiales directos, costos indirectos de fabricación o mano de obra que afectarán la determinación final del precio del producto.

El tercer caso de inflación se presenta cuando la cantidad de dinero a la disposición del público crece a mayor velocidad que los bienes y servicios que se producen, en el que aplicando el postulado de oferta y demanda, el exceso de oferta de dinero provocará la pérdida de su valor, ocasionando que se requieran más cantidades de billetes para adquirir la misma cantidad de bienes. A este último método ha incurrido el actual gobierno

Literalmente el Estado, a través del Banco Central de Venezuela sin autonomía, encendió las máquinas impresoras de dinero y las mismas no se detienen, todo esto con la finalidad de cubrir el déficit fiscal y así poder pagar con dinero inorgánico su programa de gobierno, aumentando la liquidez monetaria exponencialmente, en más de un 1.000% en 2017 y 3.054% para el 2018 según fuentes oficiales del BCV, incremento que no corresponde al aumento de la producción del país, evidenciado en una caída del 15% del PIB para el año 2017 y 53% para el 2018 según fuentes de comisiones especializadas de la Asamblea Nacional. Todo este desorden ha traído como consecuencia principal la hiperinflación que hoy padecemos, ubicándonos como el país con la inflación más alta del mundo con 1.370.000% para el cierre de 2018 según datos de la misma comisión, y considerando que el Fondo Monetario Internacional en su más reciente informe estima una inflación de 10.000.000% al cierre de 2019. Situación para nada esperanzadora y trágica para el país.

Ahora bien, para atacar el flagelo Inflacionario, el estado ha recurrido a la implementación de controles de precios, olvidando que dicho instrumento ha fracasado a lo largo de la historia, en todos los casos en que se ha utilizado, ya que al contrario de solucionar el problema tiende a agravarlo, y para el caso Venezolano no ha sido la excepción.

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El reconocido escritor y Economista Ludwig von Mises en su libro Planificación para la libertad  explica claramente como: “la intromisión gubernamental en la estructura de precios del mercado, desvía la producción del destino que los consumidores quieren darle y la dirige en otra dirección”. Esto quiere decir que si el gobierno establece precios de venta máximo de algunos bienes, por debajo de la  estructura de costos real de los productos, esta Empresa incurrirá en pérdidas en caso de continuar produciendo, se verá obligada a no colocar el producto en el mercado, utilizarán sus medios de producción para la fabricación de otros bienes no sujetos a controles, o en su defecto desviará las mercancías a mercados negros, donde puedan obtener las ganancias esperada por su venta. Por lo que la medida política se desvirtúa, al contrario de lograr que el público tenga acceso a los productos controlados, los mismos desaparecen.

La implementación de semejante instrumento, más que económico político, llega a su máximo esplendor cuando, producto de la misma dinámica económica, el gobierno aumenta su esfera de controles de precios en todos los niveles y en todos los productos, obligando a trabajadores y empresarios a seguir produciendo, a esos precios y bajo las condiciones impuestas. Es por todo ello que tratar de reducir el flagelo de la inflación con controles de precios es similar a querer apagar el fuego con pólvora, o quizás mi abuelo lo expresaría de otra manera “es peor el remedio que la enfermedad”

La actuación del gobierno que busca “proteger la estabilidad de los precios” podría considerarse agresiva y desmedida en contra del sector privado, utilizando grandes cantidades de fiscalizadores para esos fines, lo que ha provocado cierre masivo de Empresas, caída de la producción, escasez profunda de bienes, la vorágine hiperinflacionaria ha arreciado y no existe otra medida efectiva, que no sea atacando el problema de raíz, apagar las máquinas impresoras de dinero del BCV que ha inundado de dinero sin valor nuestra deteriorada economía, dinero en manos de los Venezolano que cada vez pueden comprar menos bienes.

Como consecuencia de esta insensata aplicación de medidas, el mercado negro apareció haciendo de las suyas, golpeando aún más el ya deteriorado bolsillo del venezolano. El devenir de esta tragedia ha transformado la sociedad, desde sus estratos sociales hasta su conciencia, ha despertado la viveza criolla que tanto daño nos está haciendo, denotando indiferencia al bien común, falta de respeto, individualismo, corrupción y anomia, todo como consecuencia de una errada política económica “Socialista”


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