La Rental Economy: el desapego como modelo de negocio

Según el inversionista Mikal Khoso, todo es un servicio:

“Hoy se puede alquilar un espacio habitable de manera flexible según sus necesidades (AirBNB), viajar desde ese espacio sin comprar un automóvil (Uber, Lyft), alquilar ropa para llenar su armario (Le Tote), alquilar electrodomésticos específicos basados ​​en sus necesidades (Joymode) y alquile los muebles con los que llena su apartamento (Fernish)”

Los nuevos modelos de negocio que irrumpen con fuerza en la economía mundial, se sustentan en lo que la Real Academia define como “un contrato por medio del cual una parte se compromete a transferir temporalmente el uso de una cosa mueble o inmueble a una segunda parte que se compromete a su vez a pagar por ese uso un determinado precio”; es decir, la propiedad del bien para el que arrienda es solo temporal. Tradicionalmente, este tipo de negociación era común para inmuebles, maquinaria, locales u oficinas; luego se extendió para vehículos de uso personal y poco a poco ha ido migrando, incluso para algo tan “personal” como la vestimenta. También se conoce como Economía de Netflix.

¿En qué consiste?

Gracias a la masificación producto de las redes sociales, es común interactuar con personas a las que no se conoce personalmente, lo cual ha llevado a la creación de sitios web que promueven el alquiler o intercambio de determinado tipo de artículos conformándose lo que se denominan comunidades virtuales que confluyen en esos espacios por tener necesidades, gustos y aficiones comunes. Esto representa es un cambio cultural muy importante pues implica pagar por el uso de cosas que pudiéramos tener.

Esa forma diferente de consumir se ha convertido en un negocio; como dijo en una oportunidad el economista Jean Baptiste Say: “Toda oferta crea su propia demanda” y lo que hace algunos años era impensable como alquilar los electrodomésticos o el mobiliario de la casa, se ha convertido en un modelo de negocio que está sustentado en el arrendamiento, generando a los dueños de esos activos una forma diferente de generar ingresos pues el atractivo está en el ahorro, ya que sus precios resultan ser mucho más reducidos que los de sus iguales y por ende, atractivos para decantarse por este nuevo estilo de vida en donde no se es dueño de nada. Para muchos no tiene lógica vivir pagando alquiler por cosas tan inusuales como una mascota, una canción, una hora de oficina o una película, pero este servicio no es para ellos.

Sin embargo, a pesar que los precios son menores, su tendencia en el mediano y largo plazo resulta ser mucho más inestable aunque para el público objetivo que es usuario habitual de este estilo de vida, la incertidumbre se convierte en parte de la satisfacción, aunque el ahorro que representa este tipo de consumo en el presupuesto es otro componente que también incide en el momento de tomar la decisión.

¿Moda pasajera o llegó para quedarse?

En este sentido queda claro que la Rental Economy no es para todo el mundo, tiene un segmento de mercado bien definido y está conformado en su mayoría por jóvenes ejecutivos profesionales en edades comprendidas entre los 25 y los 35 años, generalmente solteros y con ingresos altos, aunque como todo, no es restrictivo pues en algún tipo de bienes o servicios tienen cabida consumidores de otras edades y grupos sociales.

En este sentido, para estos arrendatarios resulta más cómodo, agradable y placentero rentar desde el lugar donde duermen cada semana hasta la ropa, calzado y accesorios que usan; por ello, sin lugar a dudas, el trasfondo de esta conexión emocional no es otro que vivir la experiencia del desapego de la propiedad de los bienes. Una experiencia que se sabe de antemano será efímera puesto que en el momento en que este grupo decida pasar a otra etapa de vida en la que quiera formar una familia, tendrá que prescindir de esa incertidumbre y encauzarse en el estilo de vida tradicional, con más certeza. Para otros constituye un ahorro sustancial en cosas que no sean de importancia, tales como un vestido de novia o una cartera que de otra manera hubiese sido imposible adquirir sin afectar sustancialmente el presupuesto: se democratiza, así el acceso a una serie de artículos catalogados como “de lujo”, que si tuvieran que comprarlos serían prácticamente inalcanzables para un segmento de la población.  

En conclusión, la Rental Economy tendrá larga vida pues cuenta con una demanda definida y creciente, sus consumidores son responsables con el medio ambiente, más desprendidos de lo material y enfocados en las emociones, las experiencias y la incertidumbre. Representa un cambio cultural y de paradigma. Mientras un contingente de usuarios sale del segmento por ley de vida, otros van llegando por la misma razón. Y quedan quienes, no estando taxativamente en el segmento, puedan aprovechar las bondades de este modelo de consumo en función de sus precios bajos.

Queda entonces por ver a futuro las implicaciones económicas y las decisiones que tomarán las empresas que ofertan estos mismos bienes y servicios en el formato tradicional: no preguntarle a Blockbuster.


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