¿Qué implicarían las sanciones petroleras a Venezuela?

Foto: Reuters

La economía venezolana –para todo efecto práctico– se sustenta a través de sus exportaciones petroleras y por ello, el reciente anuncio de posibles sanciones por parte del gobierno estadounidense al sector petrolero venezolano ha causado consternación a lo largo y ancho del país. A saber, estas sanciones van desde una prohibición al comercio petrolero venezolano hasta límites a las transacciones de PDVSA en dólares estadounidenses.

Otros analistas han evaluado en líneas generales los impactos que podrían tener estas medidas en la industria petrolera y en el país en general. Vale la pena aquí detallar algunas de esas consecuencias.

Nuestros cálculos muestran que en 2016 el ingreso por exportaciones de petróleo y sus derivados de Venezuela fue de 16 mil millones de dólares. Como es bien sabido, Venezuela exporta petróleo básicamente a cinco mercados: Estados Unidos, China, India, Centroamérica y países caribeños. El petróleo que va a estos dos últimos no genera ingresos de importancia alguna ya que se vende con enormes descuentos mediante el esquema de Petrocaribe, que permite pagos en especies y generosas facilidades financieras. De igual manera, el petróleo que envía a China tampoco genera flujo de caja, ya que el valor de esos cargamentos petroleros sirve únicamente para pagar la enorme deuda que tiene Venezuela con China, estimada en el orden de 65 mil millones de dólares.

Así pues resulta que Venezuela únicamente recibe pagos en caja para financiar sus gastos –de deuda y demás– a partir de los envíos de petróleo a Estados Unidos e India. Venezuela se volvió un importante suplidor del mercado indio desde que la Unión Europea y Estados Unidos impusieran sanciones al sector petrolero de Irán. India, que importa más de 4 millones de barriles diarios, ha reemplazado el petróleo iraní en parte con petróleo venezolano y recibe alrededor 300 mil barriles diarios de Venezuela.

«El panorama que estimamos para 2017 muestra que Venezuela se volverá más dependiente del mercado estadounidense, en la medida en que su producción petrolera sigue cayendo de forma acelerada reduciendo así el excedente exportable»

Estados Unidos, a pesar de la retórica del gobierno, sigue siendo el principal cliente de PDVSA al recibir un promedio diario de 750 mil barriles. A partir de ese volumen es que las exportaciones a Estados Unidos totalizaron 10 mil millones de dólares durante 2016, representando más de 62% del ingreso de Venezuela por sus exportaciones petroleras.

El panorama que estimamos para 2017 muestra que Venezuela se volverá más dependiente del mercado estadounidense, en la medida en que su producción petrolera sigue cayendo de forma acelerada reduciendo así el excedente exportable. Si suponemos –en un escenario donde las sanciones no se dan– que las exportaciones a EEUU se mantienen estables, al ser este mercado el único que genera los ingresos en efectivo que tanto necesitan PDVSA y el gobierno para realizar sus enormes pagos de deuda este año, el ingreso total por exportación petrolera en 2017 sería de 14,5 mil millones de dólares, de los cuales el mercado estadounidense representaría 11 mil millones.

Dado que el petróleo es básicamente el único producto de exportación de Venezuela, podemos afirmar con tranquilidad que alrededor de tres cuartas partes del ingreso en divisas de Venezuela viene de sus exportaciones a Estados Unidos. Simple y llanamente, Venezuela sobrevive gracias a que Estados Unidos compra su petróleo.

¿Y qué hacer con el crudo?

Las últimas cifras de la U.S. Energy Information Administration (EIA) muestran que Estados Unidos –uno de los tres principales productores de petróleo del mundo junto con Arabia Saudita y Rusia– importa alrededor de 10 millones de barriles diarios de crudo y derivados.

Esas importaciones –que han venido en claro declive a raíz del boom en producción en EEUU desde 2008 y del estancamiento en la demanda petrolera estadounidense– vienen de aproximadamente 50 países.

Canadá representa aproximadamente 42% de esos 10 millones de barriles diarios y es con distancia la fuente más importante de petróleo para la economía estadounidense. Arabia Saudita, en segundo lugar, suministra 13% y Venezuela se ubica en el tercer lugar, con 7% de las importaciones totales de ese país a partir de los 750 mil b/d que hemos explicado antes. A Venezuela le siguen de cerca México, con 6% del total, e Irak y Colombia, cada uno con 4%. Alrededor de 13 países envían más de 100 mil barriles diarios de crudo y derivados al mercado estadounidense.

En caso de darse la prohibición a la importación, EEUU tendría que reemplazar estos 750 mil barriles diarios en los mercados internacionales o usando su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés). El SPR es un sistema de almacenamiento de petróleo y derivados con una capacidad de almacenar 727 millones de barriles.

Actualmente, esta reserva cuenta con 679 millones de barriles que, de tener que usarse para suministrar los 273 millones de barriles anuales que no entrarían al mercado estadounidense desde Venezuela, bajarían a 406 millones de barriles (si asumimos que no hay incorporaciones en ese periodo). Una reducción de tal magnitud para el SPR no tiene precedente, aunque el gobierno estadounidense propuso en su presupuesto para 2018 una reducción en el SPR de 270 millones de barriles. Sin embargo, esa venta se haría en un período de 10 años para recuadrar 17 mil millones de dólares y así reducir el déficit fiscal estadounidense.

«Si Venezuela tuviera que desviar los 750 mil barriles diarios que envía a Estados Unidos a estas dos economías, lo lógico sería colocar la mayor parte en el mercado indio, ya que seguramente China insistiría en que cualquier petróleo adicional que envíe Venezuela se use para pagar la enorme deuda del Estado venezolano con China»

El SPR entonces serviría para reemplazar una parte del crudo venezolano, pero la mayor parte de la responsabilidad de encontrar un nuevo suministro caería en las empresas importadoras. Son ocho las compañías que importan petróleo venezolano a EEUU: Valero (que compra 26% de las exportaciones de Venezuela a EEUU), Chevron (14% del total), Phillips 66 (13%), PBF Energy, Motiva (una empresa filial de Saudi Aramco), Lyondell, Marathon y, por supuesto, Citgo, la filial de PDVSA. Esta última compra 33% de las exportaciones petroleras de Venezuela a Estados Unidos.

Como es de esperarse, la importancia relativa del suministro petrolero venezolano a las importaciones de estas empresas varía. Para Valero, por ejemplo, Venezuela representa 21% de sus importaciones y es su fuente más importante, seguida por Arabia Saudita con 16%, México con 14% y Rusia con 11%. En contraste, Phillips 66, el tercer mayor importador en EEUU de petróleo venezolano, depende mucho menos de Venezuela, siendo Canadá su mayor fuente de petróleo con 27% de sus importaciones totales.

Como es lógico, Citgo, la mayor importadora de petróleo venezolano, es la empresa que más depende de Venezuela para su suministro con 88% del total. Sus otras fuentes son Brasil y Mauritania, cada una con 5%, y México con 2%.

Si bien únicamente Citgo y Valero necesitan de Venezuela para proveer más de 20% de su volumen de importación, un corte en el suministro petrolero para todos los importadores tendría impactos negativos ya que los obligaría a reemplazar crudos y derivados para los cuales sus infraestructuras están bien adecuadas de manera casi inmediata.

Una vez que estas empresas no puedan seguir comprando petróleo a Venezuela y establezcan relaciones comerciales con otro suplidor, será difícil para Venezuela recuperar a esos compradores. El efecto entonces de sanciones que buscan afectar al gobierno venezolano en ejercicio podría también hacerle daño a su reemplazo.

Si se diera la prohibición, Venezuela tendría que encontrar mercados alternativos para enviar su crudo muy rápidamente, debido a los enormes pagos de deuda que están programados durante 2017. El destino más lógico para el petróleo venezolano serían los mercados de China e India por varias razones.

El primero es el tamaño de estas dos economías y su capacidad para incorporar una mayor oferta con relativa facilidad. China importa alrededor de 8,5 millones de barriles diarios, mientras que India compra cerca de 4 millones de barriles diarios. Si Venezuela tuviera que desviar los 750 mil barriles diarios que envía a Estados Unidos a estas dos economías, lo lógico sería colocar la mayor parte en el mercado indio, ya que seguramente China insistiría en que cualquier petróleo adicional que envíe Venezuela se use para pagar la enorme deuda del Estado venezolano con China.

A pesar de ser lo lógico, eso no necesariamente lo hace viable: India únicamente buscó a Venezuela como suplidor cuando la Unión Europea y EEUU impusieron sanciones a la industria petrolera iraní. Estas sanciones han sido removidas –luego de la firma del acuerdo nuclear– e Irán está recuperando su anterior participación en el mercado indio, donde goza de una ventaja comparativa importante: la cercanía geográfica entre vendedor y comprador. India entonces tomaría solo parte de los 750 mil barriles, con el resto yendo a China, sin generar ingresos en caja.

La segunda razón es el hecho de que estos dos países ya están comprando importantes volúmenes de petróleo venezolano y por lo tanto la logística del suministro es bien entendida por todas las partes. Esto no es trivial, dado que el crudo venezolano, por su carácter pesado y extra-pesado, requiere procesos especiales de refinación a los que tanto China como India están bien acostumbrados y para los cuales cuentan con la infraestructura necesaria.

En tercer lugar, China tiene una enorme capacidad de almacenamiento, en el supuesto que su economía no absorba la oferta incremental de forma inmediata. Ese país cuenta con más de 2 mil tanques de reserva comercial y estratégica que suman una capacidad total estimada extraoficialmente en 900 millones de barriles. La capacidad ociosa de estos tanques se estima en 300 millones de barriles, suficiente para almacenar una importante porción del petróleo venezolano desviado de EEUU.

Sin embargo, estas opciones básicamente solo existen si las sanciones se limitan a la prohibición de la importación estadounidense. Si, como se ha reportado, se expanden a incluir castigos financieros al sector petrolero venezolano que, por ejemplo, prohíban que PDVSA efectúe transacciones en dólares estadounidenses o que se sancione a bancos americanos que realicen transacciones con PDVSA en dólares, Venezuela se vería obligada a buscar bancos intermediarios fuera de Estados Unidos para el aumento en el comercio con Asia. No sería una tarea sencilla ya que, como reporta Reuters los bancos más capaces de llevar adelante estas tareas fuera de EEUU son los bancos europeos, y la Unión Europea seguramente seguiría el liderazgo de EEUU en la imposición de sanciones.

No debemos olvidar que, además de exportar petróleo a los Estados Unidos, Venezuela también importa productos derivados de su vecino del norte. Estas importaciones se usan principalmente para diluir crudo pesado de la Faja del Orinoco y alcanzan un promedio justo por debajo de los 100 mil barriles por día. En caso de darse una prohibición al comercio y a las relaciones financieras, Venezuela se vería obligada a comprar diluyentes de otros proveedores, probablemente a mayor costo y sin poder utilizar dólares.

Como se puede ver, los efectos de estas medidas serían devastadores para la economía venezolana e irían mucho más allá de su objetivo declarado que es prevenir que se celebre la Asamblea Nacional Constituyente propuesta por el gobierno venezolano. Las medidas harían básicamente imposible continuar las ya muy mermadas importaciones de alimentos y medicinas y hasta pondrían en jaque la capacidad del gobierno de pagar la deuda, que como hemos visto se ha convertido en su principal objetivo macroeconómico. El país perdería –tal vez para siempre– a sus mejores compradores y se vería obligado a colocar su único bien de exportación en mercados con menores rendimientos por un período más largo que el que duren las sanciones.

En fin: sí, sería un golpe muy fuerte a la estabilidad económica de este gobierno (mas, como argumenta Moisés Naim, tal vez no a su estabilidad política) y los venezolanos verían su condición de vida empeorar aun más y el futuro del país sería todavía más incierto.


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