El conflicto comercial entre China y los Estados Unidos: De los aranceles a la disputa tecnológica.

El conflicto comercial entre China y los Estados Unidos
Fotogrfía: Báo Mới new newspaper.

Una mirada desde la Economía Política Internacional.

La dinámica de las relaciones comerciales internacionales en 2018 estuvo signada por diversos conflictos y tendencias que desafían las normas, instituciones, principios y valores que han regido el orden económico internacional contemporáneo basado en el libre comercio, la globalización y la integración económica. En marzo de 2018, la administración Trump invocó la Ley de Expansión Comercial que habilita al Poder Ejecutivo de ese país a establecer restricciones unilaterales de carácter comercial cuando su seguridad nacional se vea afectada por indicios de “competencia desleal.”

Los motivos para invocar dicha ley se basan en el actual déficit comercial que sostiene Estados Unidos (EEUU) con China estimado en 375.000 millones de dólares para 2019 (CSIS, 2019). A su vez, la administración Trump basó esta decisión en las prácticas de competencia desleal como el robo de propiedad intelectual, dumping y la transferencia forzada de tecnología que afectan a la economía nacional estadounidense. La ronda de aranceles contra China inició el 08 de marzo de 2018 (EFE, 2018) con la imposición de aranceles a la importación de acero (25%) y aluminio (10%). Esta lista se amplió a otros productos chinos (principalmente bienes intermedios) valorados en 50.000 millones de dólares y que forman parte del plan industrial “Made in China 2025” como semiconductores. La respuesta por parte de China no tardó en darse y en abril de 2018 respondió con represalias a través de la imposición de aranceles (25%-15%) a distintos productos estadounidenses como acero y productos agrícolas (soja y carnes) valorados en 3.000 millones de dólares. La imposición bilateral de aranceles continuó en agosto y septiembre. Durante 2018, el valor total de aranceles aplicado por EEUU sobre los productos importados provenientes de China asciende a los 200.000 millones de dólares.

Esta rápida escalada alcanzó una tregua comercial en el marco de la decimotercera cumbre del G20 en Ciudad de Buenos Aires que se realizó en diciembre del año pasado. EEUU decidió postergar la imposición de aranceles (del 10% al 25%) a productos chinos valorados en 200 mil millones de dólares a cambio de negociar y alcanzar un acuerdo antes del 1ero de marzo que actualmente está en proceso de negociación. El impacto de este conflicto comercial ha sacudido a los mercados internacionales porque puede provocar la disminución de los flujos comerciales y financieros globales, puede ocasionar un aumento de los niveles de aversión al riesgo, así como un aumento de los precios de los bienes finales que se traduce en menos consumo, desaceleración del crecimiento económico mundial y finalmente la afectación de las cadenas globales de valor. Sin embargo, ¿Qué está detrás de este conflicto comercial? ¿Solo el déficit comercial? El presente artículo buscará profundizar y exponer los principales intereses y factores en disputa con el propósito de dilucidar esta coyuntura desde una perspectiva multidimensional y con una mirada bajo la Economía Política Internacional.

Algunas precisiones conceptuales básicas: Conflicto comercial, aranceles y comercio desleal.

Por conflicto comercial/económico entendemos la imposición de restricciones comerciales y financieras u otros mecanismos con el propósito de proteger, dominar o afectar un determinado mercado extranjero por motivos de seguridad nacional y competencia geopolítica o geoeconómica. Entre los instrumentos comúnmente utilizados en estos conflictos están los aranceles que son impuestos o tarifas que un gobierno le impone a un bien importado y que lo encarece en comparación con el bien nacional de un país.  La clave de este tipo de conflictos es la razón de poder que subyace detrás de la imposición de un arancel o una sanción comercial: la búsqueda de riqueza y dominio con fines políticos. Por competencia desleal entendemos aquellas prácticas comerciales que atentan contra las leyes comerciales de un país, afectan un sector productivo nacional o restringen el comercio. Como ejemplo tenemos el dumping, una práctica que consiste en vender un bien a un precio por debajo de su coste real para afectar a una industria o empresa competidora.

¿De qué se acusa a China?

EEUU ha señalado en reiteradas ocasiones que China viola el régimen de transferencia tecnológica cuando obliga a las empresas estadounidenses que desean operar en China a establecer una asociación conjunta (joint venture) con alguna empresa de ese país con el fin de compartir su “know-how” lo que termina en robos a la propiedad intelectual e información confidencial y finalmente en espionaje, favoreciendo a las empresas chinas cuando inundan los mercados con productos similares o “copias” a bajos precios.

China en los últimos 40 años.

Desde que China inició el proceso de apertura comercial con las reformas de Xiaoping luego del fin de la revolución cultural, el crecimiento económico experimentado confirma lo que algunos han llamado el “milagro económico chino.” Un sistema económico mixto dirigido por el Estado, pero orientado por las fuerzas del mercado. Esta intervención estatal se manifiesta en el número de empresas de capital estatal, los joint venture y los elevados subsidios a sectores estratégicos. ¿Cuáles han sido las fuentes de este milagro? Acelerado crecimiento demográfico, economía orientada a la exportación, inversión extranjera directa (China se ha beneficiado de la deslocalización productiva de diversas multinacionales estadounidenses que han trasladado algunas actividades productivas como el ensamblaje por los bajos costes laborales) y ventajas comparativas en factor trabajo consolidaron una vigorosa estructura productiva que realzaron a este país como segunda potencia económica mundial (en términos de PIB nominal) y líder mundial en manufactura (primera economía exportadora según el Banco Mundial), generando ingresos en divisas sin precedentes que elevaron sustancialmente su superávit comercial, siendo esto un respaldo suficiente para consolidar un sólido sistema financiero que ha permitido desarrollar una estrategia de “Soft Power” basada en una diplomacia económica a través de la proporción de bienes públicos con proyectos de inversión en infraestructuras (One Belt, One Road) en Asia Pacífico, África y América Latina y la compra de títulos de deuda extranjeros.

Proyectos de desarrollo financiados (IED) por China en más de 140 países por un valor de 200.000 millones de USD.

Proyectos de desarrollo financiados (IED) por China
Fotografía: Aiddata

Señales de agotamiento de la economía china.

Sin embargo, el modelo chino de crecimiento económico basado en las exportaciones de manufactura, los joint venture, las economías de escala y la inversión extranjera está mostrando señales de agotamiento. Por un lado, el crecimiento económico se ha ralentizado en torno al 6% y las exportaciones chinas se han moderado debido a cambios estructurales en lo interno y externo de la economía china, entre los que destacan el aumento de los salarios y el consumo interno chino y transformaciones productivas en el marco de la industria 4.0 que desafían el modelo basado en la exportación de manufacturas de bajo valor agregado.

Semiconductores, industria 4.0 y Made in China 2025.

Ante esta realidad, Beijing apuesta por un nuevo modelo de crecimiento basado en el consumo interno, el desarrollo tecnológico y el aumento del valor agregado de los bienes finales que producen (incursionar en nuevas etapas de producción de la cadena global de valor), esto como respuesta a la transformación productiva que plantea la 4ta revolución industrial donde las nuevas tecnologías como la robótica y la inteligencia artificial desafían los modelos de negocios, los patrones de consumo y los sistemas de producción vigentes. Ante este panorama, la política industrial “Made in China 2025” es la respuesta para estos nuevos desafíos. Desarrollado por el Ministerio de Industria y Tecnología de la información de China y presentado oficialmente en el 2015, el fundamento de esta iniciativa es desarrollar una industria de alta tecnología basada en la innovación, el know how y la mano de obra calificada para aumentar el valor agregado de los bienes finales, donde el criterio de la calidad, la independencia tecnológica y la eficiencia productiva se debe imponer sobre el volumen (economías de escala) y los bajos precios que han imperado durante años al ser el país líder en manufactura (ensamblaje). Este plan industrial comprenderá 3 fases: 2025 (reducir diferencias con los demás países), 2035 (fortalecer posición) y 2045 (liderar la innovación tecnológica). Ambicioso ¿no?

Para lograr el objetivo, se tiene previsto reducir la dependencia de la tecnología extranjera para incrementar el valor agregado nacional (subir escalones en la cadena global de valor) de los insumos (bienes intermedios) que son utilizados en los bienes finales producidos en el país. En este punto, los semiconductores son claves. La dependencia de semiconductores extranjeros (China es un importador neto de tecnología) ha preocupado a Beijing por décadas debido a las sospechas de que contienen puertas traseras que pueden afectar y causar vulnerabilidades en sectores estratégicos como el militar. El presidente Xi en 2016 destacaba esta preocupación cuando señaló que “the fact that core technology is controlled by others is our greatest hidden danger.” (CSIS, 2019)  

Ahora bien, este proyecto industrial ha tenido reacciones en el marco del conflicto comercial. EEUU acusa a China de subsidiar a las industrias del programa industrial, de forzar y “robar” tecnología extrajera y de violar la propiedad intelectual. A su vez, EEUU ve con recelo el programa puesto que se enfoca en sectores como la robótica y la inteligencia artificial que son estratégicos para la seguridad nacional de los EEUU. El gran temor de EEUU es que China se convierta en el nuevo líder de la alta tecnología y la innovación y desplace definitivamente a los EEUU que has ostentado la supremacía tecnológica por décadas. Esto se evidencia con las declaraciones del representante de comercio de los EEUU Robert Lighthizer, cuando se refirió al tema hace unos meses: “Nosotros debemos tomar acciones defensivas fuertes para proteger el liderazgo americano en materias de tecnologías e innovación, frente a la amenaza sin precedente que representa el robo por China de nuestra propiedad intelectual, la transferencia forzada.” (El Mostrador, 2018)

El conflicto comercial visto desde la Economía Política Internacional.

El interés subyacente del conflicto comercial es la disputa tecnológica y el liderazgo global entre las dos grandes potencias en el marco de la Cuarta revolución industrial. Debemos entender que el paradigma productivo está cambiando y prioriza la innovación y los bienes y servicios intensivos en tecnología o con altos niveles de conocimiento. Es importante denotar que esta disputa comercial tiene repercusiones sobre las estructuras de poder, sobre el comercio, las finanzas y el crecimiento económico mundial puesto que ambas potencias representan alrededor del 40% del PIB global y 20% de la población mundial. Ciertamente el desequilibrio comercial que mantiene los EEUU con China medido por el “déficit comercial” es un problema pero difícilmente de resolver por la existencia de las cadenas globales de valor y el bajo ahorro interno de la economía estadounidense, en mi criterio debemos centrar el análisis en el enfrentamiento por las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, 5G, robotización y microprocesadores puesto que tienen implicaciones sobre la seguridad nacional y la construcción de capacidades tangibles de poder. Brzezinski (1998) reafirma esta idea cuando señala:

“Las élites nacionales gobernantes han ido reconociendo que existen cada vez más factores diferentes a los territoriales que son más cruciales en la determinación del estatus internacional de un Estado o su grado de influencia. La habilidad económica y su traducción en la innovación tecnológica pueden ser criterios claves en la determinación de poder” (p.38)

El conflicto comercial debe entenderse como una política de contención por medio de la cual EEUU está impidiendo la expansión económica y política de China (esto se reafirma con las restricciones comerciales que les han impuesto a las empresas tecnológicas chinas “Huawei y ZTE”). También podríamos ver este conflicto como una estrategia de disuasión (diplomacia coercitiva) mediante la cual se busca utilizar el “arancel” como un mecanismo de “amenaza” para cambiar o modificar el comportamiento de la otra parte (China), es decir, que China cese sus aspiraciones geopolíticas para erigirse como una potencia global. ¿Por qué? EEUU está buscando coaccionar y detener cualquier rival que desafíe la “hegemonía estadounidense.” ¡Nos leemos pronto! 

Leer: Petroyuan: la amenaza china a la hegemonía del dólar estadounidense


ProEconomía es un medio digital independiente que se mantiene activo gracias a las donaciones sus colaboradores y lectores.

El proceso tarda unos 30 segundos. Y hace toda la diferencia.



Compartir
Internacionalista egresado de la UCV. Investigador en Economía Política Internacional en el Centro de Investigación de Asuntos Estratégicos Globales de Venezuela (CEINASEG). Analista de Negocios Internacionales de TAT consultores. Diplomatura de Comercio Internacional (AVEX)