La economía del donut como alternativa a la pobreza

Fotografía: Graeme Law / Flickr

A veces puedo parecer sesgada, pero la economía como ciencia se encuentra en su mejor momento. Luego de estar por siglos estancada entre dos ideologías mutuamente excluyentes y que han tenido la fuerza de dividir a la humanidad en función del bando que se tome, pareciese que comienza a dibujarse un camino lento, lleno de obstáculos pero increíblemente delicioso, de cambios y mejoras que estoy segura nos permitirán ofrecer mejores opciones de bienestar a los ciudadanos. Hoy les traigo una original forma de enfocar las políticas económicas tradicionales dentro de un esquema sistémico y novedoso: La economía del Donut. Para esto me baso en el increíble y esclarecedor artículo de George Monbiot publicado en The Guardian: “Finalmente, una alternativa innovadora a la economía de crecimiento: la dona”.

¿Comenzamos?

Para nadie es un secreto que las teorías económicas tradicionales como los planteamientos de la escuela Neoclásica, los postulados keynesianos y ni hablar del enredo de los marxistas, están cada día más alejados de los objetivos que pretenden alcanzar. Es un hecho incuestionable que las desigualdades en la distribución de la riqueza, el deterioro del medio ambiente sustentado en el objetivo macroeconómico por excelencia: el crecimiento de las economías por encima incluso de las capacidades del ser humano.

Pareciera que incrementar los puntos del Producto Interno Bruto (PIB) es la única y más importante carta de presentación de los gobiernos, dejando de lado elementos fundamentales del entorno, sin los cuales sería prácticamente imposible la existencia de los seres vivos. Pareciera que los problemas económicos actuales han sido creados precisamente por esos modelos que se han planteado como soluciones. Las economías de los países parecieran ser como el hámster que corre en su rueda sin llegar a ninguna parte. Actualmente, la ciencia económica no es capaz de dar respuestas, a menos que se acojan a los nuevos aires de tendencias que buscan rejuvenecer postulados de siglos atrás, pensados para otros entornos, otras sociedades, otras perspectivas y otros tiempos.

Una de estas novedosas propuestas la trae la profesora Kate Raworth, del Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford, con su Doughnut Economics quien señala: “Al principio, el crecimiento económico no pretendía significar el bienestar. Simon Kuznets, que estandarizó la medición del crecimiento, advirtió: “El bienestar de una nación apenas puede inferirse de una medida de ingreso nacional”. El crecimiento económico, señaló, midió solo el flujo anual, en lugar de las reservas de riqueza y su distribución”.

El centro de la tesis de Raworth es que existe una total desarticulación entre los objetivos y los fines económicos, quedando la economía en manos del constructo “Homo Economicus”, una deformación en la que converge el modelo Neoclásico y que se abstrae de la realidad generando una serie de políticas que en la praxis son parcialmente eficientes puesto que se desarrollan en base al único objetivo de alcanzar altos niveles de crecimiento, sin considerar, por ejemplo, el daño ambiental, el aumento de la pobreza o el deterioro en la calidad de vida de las personas enfocadas únicamente en trabajar, dejando de lado elementos cualitativos necesarios para garantizar la prosperidad y el bienestar individual.

Para Raworth este nuevo enfoque cambia de manera sutil pero fundamental la definición de Economía: “Satisfacer las necesidades de todos dentro de los medios del planeta”.

Se pasa de distribuir recursos escasos entre múltiples necesidades (para lo cual es imprescindible que las economías crezcan), no es importante en este concepto tradicional que las personas se autorealicen en función de las oportunidades que deseen asumir para ello, sino que la economía debe utilizar todos sus recursos productivos: naturales, financieros, humanos, tecnológicos para alcanzar esas tasas de crecimiento independientemente haya prosperidad o no.

¿Cómo funciona esta nueva economía?

La economía del Donut propone una variación en el esquema del diagrama de flujo circular de la renta tradicional, incorporando otros elementos. El diagrama que se enseña en el primer día de clases a los estudiantes de economía representa un flujo cerrado de ciclos de ingresos entre los hogares, las empresas, los bancos, el gobierno y el mercado de bienes, que opera sin considerar el entorno social y ecológico. Es un esquema incompleto donde quedan por fuera: la energía, los insumos, la naturaleza, la sociedad humana, el poder, la riqueza, por citar algunos. También se ignora el trabajo no remunerado de las cuidadoras, principalmente mujeres, aunque ninguna economía podría funcionar sin ellas. Es un flujo circular a la medida del “Homo Economicus”.

Entonces este es el punto de partida de Raworth y comienza redibujando la economía. Incorpora lo que denominan sistemas de Tierra y Sociedad, evidenciando relaciones entre el flujo de insumos y energía, y poniendo en evidencia que somos más que trabajadores, consumidores y dueños de capital.

El diagrama consiste en dos anillos. El anillo interno del Donut representa una suficiencia de los recursos que se necesitan para llevar una vida dentro de los parámetros del bienestar: alimentos, agua potable, vivienda, saneamiento, energía, educación, salud, democracia. Cualquiera que viva dentro de ese anillo, en el agujero en medio del Donut, está en un estado de privación. El anillo exterior del Donut consiste en los límites ambientales de la Tierra, que al ser sobrepasados llevan a la humanidad a niveles peligrosos tales como el cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la contaminación del ríos, mares y lagos, la extinción y daños colaterales de otras especies.

El área entre los dos anillos, el Donut como tal, es el “espacio ecológicamente seguro y socialmente justo” en el que la humanidad debería esforzarse por vivir e intentar mantenerse. El objetivo de la economía como disciplina académica debería ser, entonces, ayudar a las sociedades a entrar en ese espacio y permanecer allí.

Este debería ser el ideal a alcanzar, lo que a su vez nos permite entender de manera gráfica y comprensible, el estado de cosas en el que nos encontramos ahora. Estamos fuera de los límites responsablemente permitidos. Miles de millones de personas aún viven en el agujero central y se evidencia que el límite exterior ha sido violado en varios lugares, repetidamente.

Lo novedoso de esta propuesta es que la formulación de las políticas públicas debería estar dirigida a que la humanidad pueda vivir dentro del Donut a fin de reducir las desigualdades en riqueza e ingresos. La riqueza que surge de la naturaleza debería ser distribuida ampliamente entre todos. El dinero, los mercados, los impuestos y la inversión pública se diseñarían para conservar y regenerar los recursos en lugar de desperdiciarlos. Los bancos de propiedad estatal invertirían en proyectos que transforman nuestras relaciones humanas, como el transporte público sin emisiones de carbono y fuentes alternas de energía. Las nuevas métricas medirían la prosperidad genuina, en términos de bienestar subjetivo (felicidad) en lugar de la velocidad con la que degradamos nuestras perspectivas a largo plazo.

Raworth propone un esquema de desarrollo sostenible basado en nuevos indicadores económicos que debería ser visto como una oportunidad de repensar la ciencia económica y darle el descanso eterno de una vez por todas a los clásicos, keynesianos, monetaristas, marxistas y libertarios. Siempre rescatando y conservando las ideas aplicables y desechando conceptos ya inoperantes.

El reto es convertir las ideas de Raworth en políticas públicas, lo que implica no solo difusión sino el ejercicio de la ciudadanía ante quienes tienen la responsabilidad de guiar los destinos de las naciones, sin embargo, lo más complicado será lograr que los economistas “antiques” atrapados en los paradigmas de siglos pasados logren superar sus limitaciones mentales y se abran a estas ideas.