Cuando las crisis llevan ruedas

Venezuela atraviesa por una de las crisis más severas de toda su historia. Sin lugar a dudas el país transita por una depresión económica. Tres años consecutivos con una caída del PIB de dos dígitos significa una contracción profunda de la actividad productiva, el desempleo posiblemente cerca de 26% y una hiperinflación en pleno desarrollo que destruye la moneda y el poder de compra.

La hiperinflación es un proceso en el cual se dan inflaciones por encima de 50% mensual durante más de un año (P. Cagan) y/o inflaciones anuales de 500% (Reinhart y Rogof). Este fenómeno se expresa con una caída de la demanda de los saldos reales de la moneda en curso, en nuestro caso los bolívares fuertes. Este suceso se manifiesta en un rechazo a la moneda debido a que pierde valor de forma muy acelerada, además de provocar serias distorsiones en las decisiones de los agentes económicos.

Una de las labores más complejas es la fijación de precios por parte de comerciantes y empresarios, fundamentalmente porque el sistema de formación de estos esta disfuncional.

Imagine usted navegar sin una brújula precisa en una fuerte tormenta. Los actores económicos de la oferta (comerciantes), ante el aumento acelerados de precios, deben anticipar e inferir para establecer un valor a sus bienes y servicios las cuales les permita reponer inventarios a fin de continuar su ciclo comercial. Es por ello que vemos en la calle precios constantemente en ascenso, inclusive marcada disparidad de un mismo bien.

Ahora bien, la primera hiperinflación de Venezuela transita con una particularidad: la falta de efectivo.

Para tener una idea del problema, la emisión de dinero por parte del BCV con la que el gobierno central persigue cubrir incrementos de sueldos, bonos, misiones y cualquier fantasía populista artificialmente, crece de manera descomunal sin estar relacionada con los niveles de productividad de la nación, suscitando la principal razón de la enfermedad inflacionaria. El crecimiento de este indicador (M2) está sobre la desproporcionada cifra de 1100% anual.

Pero el incremento de nuevas piezas de billetes queda notablemente por debajo de esta cifra y es allí donde comienzan los síntomas de asfixia para las operaciones en efectivo. Veamos, en un circuito económico funcional, de salud moderada el ratio habitual entre liquidez monetaria (M2) y la cantidad de efectivo circulante oscila entre 12% y 13%, hoy en día está por debajo de 3%. De allí, estimado lector, la causa medular de esta situación calamitosa, dada en un momento de una pronunciada escalada de precios, coloca a los billetes como bienes en fuga, pero la verdad es que siendo muchos, no son suficientes. Es un comportamiento virulento y en espiral.

En la gráfica de Frank Muci, publicada en sus redes sociales se aprecia la caída.

Sin embargo, los aspectos técnicos no son el objetivo de este escrito. Esencialmente persigo mostrar cierto relieve de la realidad comercial y de los empleados bajo esta dinámica.

Veamos, el salario mínimo es el incentivo por parte de los empleadores (oferta de trabajo) para que los trabajadores (demanda) cubran la canasta básica o gran parte de esta a cambio de su trabajo. En la Venezuela de hoy existe un divorcio entre estas dos fuerzas, causada por todas las razones conocidas que van desde la caída del PIB, anclaje cambiario, hiperinflación, intervención del gobierno a empresas, entre tantas otras, las cuales afectaron a la productividad; además de todas las distorsiones arrastradas durante largo tiempo, ello género que el salario mínimo no sea atractivo ni estímulo para que las fuerzas de trabajo acudan de manera sostenida al empleador como fuente de renta por trabajo. De allí se comienza a apreciar la búsqueda de ingresos alternativos como buhonería y reventa de cualquier cosa, es decir, se genera una capa sumergida de actividades que además de no proporcionar beneficios al fisco, no son actividades productivas para el país.

Esa realidad deriva en el aumento del desempleo inclusive por motus propio. La masa trabajadora busca nuevos espacios, renunciando a sus posiciones o conjugando actividades paralelas con sus empleos

En la actividad de dar soporte comercial, recientemente obtuvimos impresiones que comparto a continuación:

  • La hiperinflación es un fenómeno que arropa al empresario venezolano, en la mayoría de los casos es manejada de manera intuitiva.
  • En hiperinflación no existe control de precios posible, ni acuerdos entre productores y el gobierno.
  • Podrían existir simulaciones de controles por motivos político-populistas, pero no más.
  • El salario dentro de esta dinámica de aumentos por decretos frecuentes se ha convertido en una carga pesada para el empresario, en momentos donde las ventas se han desplomado. Cada aumento se cubre con despidos o aumentos de precios, inclusive ambos.
  • En la imprecisa tarea de calcular precios en hiperinflación, el comerciante debe especular constantemente para tal fin. Si el precio del bien queda muy por arriba, afectara en exceso las ventas y causara contracción de las mismas, caída de cantidades empeorando el flujo de caja. Y en caso de quedar muy por debajo, difícilmente repondrá inventarios.
  • Un problema creciente es la asistencia a las jornadas diarias de trabajo, principalmente por el tema efectivo y transporte, además de otras. El ausentismo se incrementa. Algunos comercios que operan con efectivo, pudieron generar vales en billetes a sus empleados eventualmente, pero hoy en día es imposible.

Un par de hechos a destacar muy llamativos en estas circunstancias:

Una PYME en fase de reclutamiento para posiciones de trabajo no calificado, esperaba a trece aspirantes para las mismas. El día de la entrevista solo acudieron dos. El salario no es un ancla para la fuerza de trabajo. Seguramente hemos escuchado más de una vez: “Sale mejor quedarse en casa”

Otro caso. Una empresa la cual realiza evaluaciones anuales antropométricas (talla-peso) de sus obreros. El descenso promedio hasta finales del 2016 fue de 7 a 8 kg. Para finales del 2017 se registran caídas en peso de hasta 15 kg.

Imágenes como esta revelan achicamiento de la economía, desindustrialización del sector alimentos, precarización de los procesos sanitarios del sector alimentos y destrucción de la cadena de suministro.

Breves recomendaciones

Al empresario:

  • En lo posible prolongue el tiempo de las cuentas por pagar.
  • Procure mecanismos de cobertura que transformen el dinero en moneda dura.
  • Acorte el tiempo de sus cuentas por cobrar. Simple: evite en lo posible las ventas a crédito.
  • En Venezuela por haber tasas de interés reales negativas (control de tasas activas) el financiamiento mediante crédito bancario es buen negocio. ¡Tómelo!
  • Los inventarios son claves. Cuide los niveles. Además una comunicación continua y cercana con sus proveedores es clave.
  • Revisión frecuente de los indicadores financieros (tipo de cambio, inflación, precio del crudo, entre otros).
  • Sea focalizado y evalúe la rentabilidad de la inversión en marketing, en Venezuela desaparece la lealtad de marca. Las participaciones de mercado son volátiles. Hoy se puede ser líder en alguna categoría, pero mañana podrías ser el último en el mercado.
  • En momentos de hiperinflación, los percances con los empleados por inasistencia e impuntualidad se hacen reiterados, estos ligados a los temas mencionados como transporte y la falta de efectivo, inclusive se cruza el tema de la escolaridad intermitente, niños en horarios y lugares de trabajo, conflictos maritales y planes de migración cada vez son más frecuentes. Hechos que, sin duda, repercuten en el rendimiento del trabajador.
  • Ello lleva a un punto: el empleador debe negociar ante estas situaciones. Se conjuga el salario emocional. Es decir, el apoyo en lo posible dentro de la crisis es fundamental, de lo contrario el trabajador terminara marchándose. Los salarios poco motivan. Sea flexible que esta tormenta golpea a todos.
  • La conservación y mantenimiento de los activos es clave, y más si están en producción activa o sostienen el flujo de caja.

Al ciudadano:

  • El dinero no puede estar estacionado. Pierde su valor.
  • Nuevamente, el crédito es atractivo por los motivos ya mencionados. Use el crédito de manera responsable, pero úselo.
  • De tener oportunidad, obtenga y conserve moneda dura. Cúbrase.
  • Será necesario modificar los hábitos de consumo y estilos de vida. Los ingresos deben encausarse de forma prioritaria.
  • En hiperinflación el trueque se hace presente por la caída del valor del dinero, por lo que acumular activos y bienes que eventualmente podrían ser cambiados por otros bienes, no está de más.
  • Debido a las mismas distorsiones y la destrucción del sistema de fijación de precios, podrá encontrar precios muy disímiles de un mismo bien. No se sorprenda si algo aun estando caro, lo encuentra muy barato en comparación con otros establecimientos.
  • La hiperinflación es un caldo para la corrupción y mercados negros. Sea cauteloso.
  • Procure acumular alimentos no perecederos. Gánele una a los precios.
  • Para terminar, la hiperinflación es una historia de terror narrada en cámara rápida. Cuídese.

Por lo pronto se han anunciado medidas por parte del gobierno central como la reconversión monetaria, el Petro y otros artificios que no atacan las causas reales. En puerta posibles embargos y demandas, en desarrollo el default selectivo. Mientras no existan cambios estructurales, las penurias se acentúan. Nuestro país es una tierra hoy con todas las oportunidades del mundo para florecer y regenerar tejido productivo que cambie la realidad la cual hoy vivimos, lo que no existe son condiciones que permitan comenzar la tan necesaria transformación.

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Profesional en el área de Gestión de Negocios. Entorno y modelos comerciales.

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