Hacia una convergencia entre Economía del Comportamiento y Neuroeconomía

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La Economía del Comportamiento y la Neuroeconomía abordan el análisis de los mercados (como cualquier rama de la economía) pero haciendo hincapié en las notables limitaciones y sesgos humanos a la hora de hacer cálculo económico, y las problemáticas decisorias que se originan a partir de las mismas.

Desde el punto de vista de la Behavioral Economics, se ha trabajado bastante con modelos de racionalidad limitada del tipo “múltiples yo” (módulos más bien deliberativos y módulos más bien emocionales). Siguiendo puntualmente al Premio Nobel Daniel Kahneman, se definen dos tipos de procesos cognitivos: el Sistema 1, al que llama “intuición” y el Sistema 2, “razonamiento”:

“Las operaciones del sistema 1 son rápidas, automáticas, sin esfuerzo, asociativas, y a menudo cargadas emocionalmente;” también se rigen por el hábito, y por lo tanto son difíciles de controlar o modificar. Las operaciones del sistema 2 son más lentas, serias, esforzadas y deliberadamente controladas: son también relativamente flexibles y potencialmente gobernadas”

En términos neuro, los conductualistas al estilo Kahneman generalmente describen al área comprendida por los ganglios basales y la corteza media prefrontal como un módulo emocional, que interactuaría (aditivamente) con un segundo sistema organizado alrededor de la corteza parietal posterior y la corteza prefrontal dorsolateral, formando un módulo racional.

Por el lado de los neuroeconomistas puros, como Paul Glimcher (New York University), se tiende a trabajar con modelos de “único yo”, mostrando una estructura racional-emocional globalmente involucrada en actividades de valoración y preferencias, y no tanto sistemas 1 y 2 tan marcados.

El debate entre conductualistas y neuroeconomistas puros es interesante, ya que para los primeros habría importante evidencia sobre la existencia de “múltiples yo” en nuestra psiquis, y de la importancia del conflicto; sin embargo terminan en general sosteniendo que se necesita más evidencia empírica desde las Neurociencias para definir el debate, lo que es lógico, ya que la evidencia en Neurociencias es más profunda que la de la Psicología tradicional, en especial desde el boom de los escaneos cerebrales con resonancia magnética.

De cualquier modo, y más allá del debate Glimcher-Kahneman, está claro que el sistema neuro que sostiene nuestra toma de decisiones es bastante más complejo que la simplificada versión de la economía neoclásica (el “homo economicus” utilitario de John Stuart Mill), donde el ser humano es extremadamente egoísta, hiper-racional y con voluntad ilimitada, lo que es totalmente falso desde el punto de vista empírico. Analicemos caso por caso, donde hay amplia coincidencia entre Economía Conductual y Neuroeconomía: (i) racionalidad ilimitada; (ii) voluntad ilimitada; (iii) egoísmo ilimitado.

Racionalidad ilimitada

Con relación al atributo de racionalidad ilimitada, los seres humanos nos enfrentamos con serias restricciones de capacidad mental y tiempo y, por lo tanto, rara vez somos capaces de resolver problemas complejos de manera óptima. Consecuentemente, la estrategia “racional” frente a estas restricciones termina siendo la adopción de reglas prácticas que permiten resolver problemas economizando en el uso del tiempo o de sus facultades mentales. Pero, así como esta estrategia de racionalidad acotada puede facilitar las decisiones complejas, también puede conducir a errores sistemáticos, como ha profusamente demostrado la Behavioral Economics (aversión a las pérdidas, contabilidad mental, etc.).

Voluntad ilimitada

Con relación al atributo de voluntad ilimitada, existen numerosos ejemplos de situaciones en las que se puede afirmar que los agentes efectivamente conocen lo que es mejor para ellos, pero no optan de manera acorde por problemas de autocontrol. Estas desviaciones ocurren en el caso de las adicciones, pero también en casos usualmente menos severos, como los malos hábitos alimenticios, el sedentarismo o la simple procrastinación (dejar para mañana lo que se puede hacer hoy), algo que usualmente nos pasa a la mayoría de las personas.

Egoísmo ilimitado

Finalmente, el atributo neoclásico del egoísmo ilimitado también es rebatible y, felizmente, pueden encontrarse innumerables ejemplos de comportamiento altruista, incluyendo el relativo éxito de muchas colectas nacionales y los voluntariados en organizaciones benéficas. Avances recientes en Neuroeconomía, de la mano de Paul Zak, demuestran el rol clave de la oxitócica en el cerebro para con los comportamientos altruistas.

En el fondo, behavioristas y neuroeconomistas son continuadores de las teorías de “racionalidad limitada”, que ya en 1955 eran postuladas por Herbert Simon (Premio Nobel en los 70), donde se critican los modelos económicos que adoptan el supuesto de agentes con “ilimitadas capacidades para el procesamiento de información”, lo que lo llevó a acuñar el término racionalidad acotada para describir una visión más realista de nuestro imperfecto proceso decisional. Ya habíamos destacado que, de acuerdo con esta visión, los seres humanos enfrentamos restricciones de capacidad mental y de tiempo y, por lo tanto, no siempre somos capaces de resolver problemas complejos de manera óptima.

Y yendo más atrás aún en el tiempo, conductualistas y neuroeconomistas son continuadores de John Maynard Keynes en lo que respecta al estudio de los “animal spirits” en las decisiones de consumo e inversión, bastante dejados de lado por los modelos neoclásicos originales y sus continuadores del siglo XX.

Ejemplos de Racionalidad limitada

La economía conductual ha observado varias conductas de las personas comunes y corrientes que violan el supuesto de racionalidad cuando toman decisiones de consumo. A continuación vemos algunos ejemplos:

  • Avalancha de información: los consumidores tienen que comparar muchas opciones y características lo que los lleva a la confusión, elegir al azar o incluso a no tomar ninguna decisión.
  • Heurística: los consumidores muchas veces toman atajos en sus decisiones, así por ejemplo, en vez de analizar toda la información se limitan a comprar lo mismo que sus amigos o familiares.
  • Legado: los consumidores tienden a ser renuentes a cambiar de proveedor o de marca por miedo a equivocarse.
  • Inercia: los consumidores generalmente no se cambian de proveedor cuando tienen que hacer algún esfuerzo (como por ejemplo desactivar una cláusula de renovación automática).
  • Miopía: los consumidores tienden a tener una visión de corto plazo privilegiando el disfrute actual en vez de esperar para disfrutar en el futuro. Así por ejemplo, cuando se tienen que tomar decisiones de inversión a largo plazo o de ahorro para jubilación los consumidores no ponen suficiente valor a los pagos futuros.
  • Marco: los consumidores se ven influenciados por la forma o el marco en que la información es presentada. A veces la misma información presentada en distintas formas lleva a que los consumidores tomen decisiones distintas.
  • Aversión a las pérdidas: la preferencia por evitar una pérdida es más grande que la preferencia por ganar algo.

Resumiendo

Hoy los autores ya hablan de una rama de la Neuroeconomía llamada Behavioral Economics in the Scanner (BES), que trata de testear vía neuroimágenes los conceptos de la Economía Conductual original. Sin lugar a dudas, este empalme irá haciendo cada vez más difusa la frontera entre neuroeconomistas y conductualistas, haciendo converger ambos campos hacia cuerpos teóricos comunes.

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Economista. Posgrado en Neurociencias Cognitivas Aplicadas a las Organizaciones. Aficionado a la Neuroeconomía.

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