Chinazuela: deudas impagables, compromisos generacionales

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2019 será un año muy importante para las inversiones internacionales de China pues el desempeño petrolero de Venezuela, que es su principal destino de los préstamos en Latinoamérica, compromete al 47,5 % de la deuda regional.

China ha acumulado miles de millones de dólares durante décadas con la intención, ahora revelada, de asegurar un dominio geopolítico de recursos a escala mundial, en una estrategia que se basa en grandes inversiones para el desarrollo de cadenas de producción y mercados de bienes y servicios.

Las inversiones no sólo se dirigen a “países en desarrollo” (en 45 de los 54 países africanos, China ya es una potencia hegemónica) sino, principalmente a aquellos geoestratégicamente posicionados (Kazajistán, Indonesia, Australia y Rusia), aquellos con economías industriales avanzadas (Alemania, Francia y Canadá) y a los centros financieros mundiales en Hong Kong, Gran Bretaña y Estados Unidos.

La alarmante dependencia de la economía estadounidense a las inversiones e importaciones chinas fue el principal argumento para que Donald Trump haya impulsado un inédito giro proteccionista que ha desembocado en una autentica guerra comercial entre ambos países. Poco a poco China va afianzándose como potencia económica e industrial, poniendo en riesgo la supremacía mundial de Estados Unidos.

Incluso, a partir de marzo de 2018, las importaciones crudo a China han empezado a cotizarse en yuanes, con la intención de irle restando poder económico al petrodólar y defender los ahorros chinos de la constante devaluación de la moneda estadounidense. Además, por supuesto, esto afectaría a largo plazo a la hegemonía de Estados Unidos en el comercio internacional del petróleo, que es desde mediados del siglo pasado, representa el principal mercado mundial de materia prima.

[El mapa producido por AidData muestra al menos 3.485 inversiones chinas en 138 países]

En la primera reunión ministerial del Foro de China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), celebrada en Beijing en enero de 2015, Xi Jinping anunció inversiones por más de USD $ 500 mil millones para mejorar el comercio con la región y más de 250 mil millones de financiamiento directo en compañías locales.

[Según AidData, China ha invertido mundialmente al menos USD $ 354,4 mil millones entre 2010 y 2015. Según el Ministerio de Comercio de China, las inversiones entre 2010 y 2014 sobrepasan los 900 mil millones]

Pero muchos acusan a China de implementar una “política neocolonial” a través de inversiones Estado – Estado con “fines políticos y de dominación” en países corruptos que, luego de malversar los prestamos, no les quede otra alternativa que conceder derechos económicos y de soberanía territorial como parte de pago a las deudas. Por eso algunos gobiernos de la región, como Panamá, Chile, Republica Dominicana, Paraguay y Uruguay se han resistido a aceptar estos préstamos. Recientemente, Sri Lanka se vio obligada a ceder el control del puerto Hambantota por 99 años, y de unos 15.000 acres de tierra a su alrededor, tan sólo a cambio de USD $ 1,1 mil millones. 

“Cuentos Chinos” en Venezuela

Es un hecho que la economía venezolana se ha vuelto peligrosamente mucho más dependiente de la producción de petróleo en estos últimos 20 años. Pues en 1999, cerca del 76% del ingreso nacional bruto dependía directamente de la producción de 3,5 millones de barriles diarios (b/d) y el procesamiento de 1,5 millones b/d en las refinerías de PDVSA en Estados Unidos, Europa y el Caribe. Pero hoy la dependencia petrolera alcanza la crítica cifra de 96%, aunada a una drástica reducción de la producción en torno a 1,2 millones b/d, según los últimos reportes de la OPEP. Es decir, prácticamente la totalidad de la economía nacional está atada a la volatilidad de los precios del petróleo y al dominio, casi exclusivo, por ahora, de Estados Unidos sobre el comercio petrolero mundial.

Que la economía venezolana dependa aún más del petróleo y que su producción haya disminuido a casi un tercio, explica la severa crisis económica e impide el autofinanciamiento de la industria. Además, las recientes sanciones estadounidenses a PDVSA y CITGO complican aún más escenario. La única opción factible para el rescate económico implica más endeudamiento, pero muy pocos países e instituciones están dispuestos a brindar apoyo a Venezuela sin el compromiso de estrictos controles para asegurar el pago de deuda. Sin embargo, China es la excepción…    

En total, China ha prestado USD $ 141,32 mil millones a 15 países en Latinoamérica, convirtiéndose en el principal acreedor de la región y el más importante inversor de proyectos para la extracción de materias primas e hidrocarburos, con especial atención, no sólo en Venezuela, sino en Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador.

Esta agresiva política de inversiones se inició en los preludios de la Crisis Financiera de 2008, cuando los principales bancos occidentales se vieron obligados a limitar sus préstamos debido a los estrictos controles de riesgo sobre su base de capital. Pero además, en el momento cuando se consolidaba el predominio de gobiernos de izquierda en Suramérica y los precios del petróleo alcanzaron casi los USD $ 150 por barril. La producción venezolana oscilaba en torno a 2,3 millones b/d. 

Desde entonces, Venezuela ha recibido 18 préstamos Estado – Estado por la suma de USD $ 67,2 mil millones, convirtiéndose en uno de los 5 países en el mundo donde China más ha invertido en empresas estatales. La mayoría de los fondos, unos 61,2 mil millones, se han transferido a través del Banco de Desarrollo de China (CDB) y el restante, unos 6 mil millones, fueron otorgados desde Banco de Exportaciones e Importaciones (China EXIM Bank).

Actualmente, el CDB es la institución financiera para préstamos en el extranjero más grande del mundo, superando tanto al Banco Mundial como al Banco Asiático de Desarrollo, y es responsable de las inversiones en más de 60 países de África, Asia y Europa para la puesta en marcha de la Nueva Ruta de la Seda.

Según el economista Ricardo Hausmann, el gobierno venezolano ha otorgado privilegios colaterales a las empresas chinas en áreas como telecomunicaciones (Huawei), electrodomésticos (Haier), automóviles (Chery) y perforación petrolera (ICTV).

Durante el gobierno de Maduro

Sólo un tercio de los préstamos a Venezuela, unos USD $ 26,291 mil millones, han sido otorgados durante la presidencia de Nicolás Maduro. Desde entonces, la contracción del PBI ha sido de al menos 56,4 % y hasta el año pasado la deuda externa consolidada se ubicaba en la impagable cifra de USD $ 154,273 mil millones (incluyendo deudas comerciales con otros países, por bonos y de PDVSA con proveedores).

En su momento, el pago de los préstamos se negoció con envíos de petróleo, cuando los precios por barril casi duplicaban a los actuales. Era completamente viable. Por eso, para satisfacer cancelación mensual de la deuda, PDVSA debía enviar menos barriles de los que hoy son necesarios. Esto restringe la actual capacidad de envíos a otros clientes y acreedores, afectando la liquidez de la empresa y la apertura a nuevos mercados.

De la producción de 2,62 millones b/d en 2015, casi un 20% se destinaba para el pago de la deuda china, unos 252 mil b/d. Sin embargo, la deuda al actual precio del barril de petróleo exige que PDVSA envíe a China al menos 330 mil b/d. Una cifra similar se envía a India.

Según Reuters, para inicios de 2017, cuando la producción petrolera de PDVSA estaba en torno a los 2,5 millones b/d y comenzó su descenso, ya existía un retraso en los envíos a China de 3,2 millones de barriles de crudo y 5,1 millones de barriles de refinados. La deuda a acreedores ascendió a poco más de USD $ 3 mil millones para finales de 2017. En consecuencia, USD $ 1,58 mil millones se debían a la China National Petroleum Corporation. Ya para finales de 2018 la deuda acumulada con China, no sólo por retrasos en las entregas, alcanzó USD $ 25 mil millones.

Por esto, algunos economistas consideran que la producción venezolana se encontraría comprometida con China por más de 40 años.

Casos de corrupción “rojo – rojitos”

Según la “China – Latin America Finance Database”, los préstamos chinos a Venezuela se desglosan así: financiamiento para 13 proyectos petroleros en la Faja Petrolífera del Orinoco, por la suma de USD $ 59,109 mil millones. USD $ 1,7 mil millones para 2 proyectos minería aurífera en el Arco Minero del Orinoco. Otros USD $ 391 millones al proyecto de instalaciones marítimas de Pequiven y USD $ 1,1 mil millones como crédito comercial para empresas.

Pero las cifras reales sólo son manejadas con hermetismo por ambos gobiernos. Según el Ministerio del Poder Popular para Economía y Finanzas, las inversiones chinas fueron destinadas al Fondo Conjunto Chino Venezolano (FCCV), el famoso “Fondo Chino”, que es administrado por el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes).

Supuestamente, este dinero no sólo financió proyectos de infraestructura, minería y petróleo, sino al menos otros 220 proyectos agropecuarios, de transporte, de turismo, en telecomunicaciones y generación eléctrica. No obstante, desde 2013 son varias las denuncias sobre malversación de fondos y desvío de capitales en complejas tramas de corrupción que comprometen a presidentes y vicepresidentes del Bandes, a más de 70 altos gerentes de PDVSA y los ex ministros de petróleo Rafael Ramírez, Eulogio del Pino y Nelson Martínez. 

¿Política de no intervención o cambio de aliados?

En 2012 el precio del barril del petróleo se mantuvo por encima de USD $ 100 y Hugo Chávez buscó la reelección a través de un aumento absurdo del gasto público. Ese mismo año PDVSA había anunciado un extraordinario plan de inversiones para aumentar la producción petrolera en 2019 hasta 6 millones de barriles diarios.

Entonces China sobreestimó las capacidades de PDVSA y respondió con la inversión de USD $ 21,3 mil millones entre 2013 y 2016. Pero el barril del petróleo experimentó una drástica caída, en torno a los USD $ 40. Seguidamente, la economía colapsó, Venezuela cayó en un default selectivo y los acreedores comenzaron a demandar el cumplimiento de los pagos. Esto llevo a que los representantes de las empresas estatales chinas a celebrar «reuniones de emergencia» con los encargados de negocios en Caracas. Los bancos convocaron a Maduro para discutir la situación de la deuda y decidieron no prestar dinero en 2017, momento en el que el país se encontraba sumido en manifestaciones violentas que exigían la renuncia de Maduro.

Un ligero aumento del precio del petróleo, en torno a USD $ 60, fue propicio para que los bancos chinos a otorgaran “prestamos defensivos” en un intento por aumentar la producción petrolera. Maduro anunció elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y presidenciales. Una mejoría transitoria en la política interna condujo a que se transfirieran UDS $ 9 mil millones de los fondos bilaterales existentes.

A pesar del rescate, la producción no se ha recuperado en lo absoluto, sino que ha caído en casi un millón de barriles desde entonces. Los préstamos chinos han cargado a Venezuela con una deuda insostenible y la industria petrolera exige más endeudamiento para poder siquiera satisfacer de pagos de las deudas acumuladas.

Ante la reciente designación de Juan Guaidó como presidente encargado, China ha mantenido su tradicional “política de no intervención”. Además, aunque tampoco ha reconocido a las nuevas directivas designadas para PDVSA y CITGO, China ha manifestado que «no importa cómo evolucione la situación política en Venezuela, la cooperación ambas naciones no debe verse socavada».

En paralelo, Estados Unidos y China se están enfrentando en una guerra arancelaria de la que Venezuela no se escapa. Las refinerías chinas en todo el mundo dejaron de comprar petróleo estadounidense en octubre de 2018 y aumentaron sus compras a niveles record: 10 millones de b/d. Asimismo, en enero y febrero los envíos de crudo venezolano a China aumentaron un 50%, en torno a los 410 mil b/d, si bien en 2018 apenas tuvo participación del 2.9% de las importaciones ubicándose en el último lugar de la lista de crecimiento de las importaciones de crudo a China desde 2017. Es decir, Venezuela no es un suplidor de petróleo tan importante para China. Además el 80% de los envíos son de petróleo pesado, tipo Merey 16, el mismo que se envía a India. Este tipo de crudo, pesado y ácido, solo puede ser procesado en algunas refinerías del mundo. No es muy comercial.   

China sabe que Venezuela tiene todo el petróleo que necesita y por eso lo que más le conviene es que el desempeño de la industria petrolera mejore.  Eso implica, evidentemente, mejoras en el clima político interno y en las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Europa, Colombia y el resto de Latinoamérica. Pero además, lo que más le conviene a China es el rendimiento de sus inversiones y un gobierno evite la malversación de los préstamos.

La mejoría de la economía venezolana, a menos a corto plazo, no tiene porque ser una prioridad para China.  Ya hemos mencionado que más bien, puede suponer una eventual transferencia de soberanía, bien sea a través de mayor participación en las empresas mixtas o cediendo el control de algunas industrias, puertos, minas o incluso, espacios acuáticos.

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Recordemos que China tiene intereses concretos en la proyección marítima del territorio de la Guayana Esequiba, el que se encuentra en controversia entre Venezuela y Guyana. La compañía estatal China National Offshore Oil Company (CNOOC) tiene una participación del 25% en el bloque offshore Stabroek, el cual dará inicio a la producción a partir del próximo año. Ese mismo bloque es operado por la estadounidense ExxonMobil.

Ya lo decía el ex presidente chino Deng Xiao Ping, artífice de la apertura económica de China al mundo, “no importa que el gato sea blanco o negro, siempre y cuando cace al ratón”…

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