Desde pequeños, el termino de felicidad hace presencia en la vida de toda persona, un termino bastante difícil de definir pero que se encuentra en casi todo lo que hacemos, puesto que la mayoría de las actividades que realizamos mas allá de cualquier cosa, tienen el objetivo de lograrla y aumentarla o para evitar  y disminuir la infelicidad. Para Platón “La felicidad es, esa sensación de plenitud, paz y serenidad que nos llena de alegría interior, y permite disfrutar de la vida”. La felicidad es una de las cuestiones que más ha preocupado a los pensadores a lo largo de la historia; Aristóteles la definió como el “bien supremo del hombre”, Sócrates afirmó que “no existía felicidad sin valores éticos como la virtud” y Epicuro que “devenía de vivir en un continuo placer que atendiera necesidades físicas básicas como la alimentación; innecesarias como la conversación, la gratificación sexual y las artes; y superfluas, como el reconocimiento o el poder político

Generalmente cuando hacemos referencia a “ser feliz” creemos que más riqueza, más renta y más bienes implican una realidad social con unas condiciones de vida mejores, mayor bienestar y, en definitiva, mayor felicidad. Es por esta razón que los economistas dejaron de considerarla como un término filosófico, dejando de un lado el solo pensamiento de  conseguir objetivos de naturaleza económica , considerando el bienestar en un sentido más amplio sin mencionar el término felicidad, de esta manera comenzaron a establecer relaciones entre nivel que podía poseer cada persona y variables como renta, desarrollo, desempleo.

Esta relación dio origen a numerosos estudios, como por ejemplo, la paradoja de Easterlin, con la cual el economista americano llegó a la conclusión de que en aquellos países que tenían cubiertas las necesidades básicas el índice de felicidad medio no variaba independientemente de la capacidad de ingresos. Respecto a las políticas gubernamentales la teoría sugirió que, una vez que las necesidades primarias están cubiertas, las medidas políticas deberían centrarse en aumentar la satisfacción de los individuos, actuando sobre la Felicidad Interna Bruta, y no en el crecimiento económico, medido por el Producto Interior Bruto. La Felicidad Nacional Bruta (FNB) esta basada en cuatro pilares: desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, preservación y promoción de la cultura, conservación del medio ambiente y buen gobierno.

Así pues, es importante analizar como es posible alcanzar la felicidad en un mundo que se caracteriza por la rápida urbanización, los medios de comunicación de masas, el capitalismo global y la degradación ambiental. ¿De qué manera puede reordenarse la vida económica para volver a crear una sensación de comunidad, confianza y sostenibilidad ambiental? ¿Cuáles son las políticas públicas que podrían aplicarse para lograr dicha situación?

Por las razones mencionadas anteriormente y dada la importancia de incluir el término felicidad en la economía, la idea seria implementar políticas educativas que modifiquen culturalmente los patrones de éxito, fomentando las satisfacciones personales y la conducta prosocial, que se refiere a las acciones que se realizan para las demás personas, la conducta de ayuda que tienen como objetivo buscar el beneficio de otra persona, reduciendo de esta manera la cultura de la competencia individualista, incluyendo valores como el compañerismo, optimismo y la sana competencia. Es decir, la felicidad se logra a través de una estrategia equilibrada frente a la vida por parte tanto de los individuos como de las sociedades.

Como individuos, no se es feliz si se niegan las necesidades elementales, pero tampoco si la búsqueda de mayores ingresos reemplaza la dedicación a la familia, los amigos, la comunidad, la compasión y el equilibrio interno. Es importante entender que una cosa es organizar las políticas económicas para que los niveles de vida aumenten y otra muy distinta es subordinar todos los valores de la sociedad a la búsqueda de ganancias.

Las políticas públicas orientadas al sector  de educación tienen como principal objetivo, eliminar esa conducta materialista y fomentar la creencia de valores que incluyan la simplicidad de la vida, no dejando de lado el progreso económico, y tomando en consideración uno de los indicadores utilizados para medir la calidad de vida que es un determinante sin duda alguna de la felicidad, el índice de desarrollo humano que por su parte considera la educación como una de las variables principales en su medición, en otras palabras, estas políticas educativas se orientan principalmente a fomentar en los individuos valores de tolerancia, aspiraciones en términos de aprender del prójimo y no de envidia y avaricia.

Aunada a estas políticas educativas, deberían establecerse estrategias de publicidad masiva, que representen ciertos lugares desde donde transmitir los mensajes corporativos que ayuden a reducir la problemática ambiental y el consumo de alimentos adictivos y poco saludables para los jóvenes. Para lograr disminuir consumo de drogas, tabaquismo y alcoholismo.

Así pues y tal como se vio evidenciado el dinero no da la felicidad pero es indudable que ayuda a sentar unas bases para conseguirla. El día a día en condiciones de pobreza extrema puede resultar muy complicado por lo que para cualquier país que busque fomentar la felicidad, debe concentrarse más allá que en el progreso económico, en una combinación de ello con factores personales, fisiológicos, sociales, que persigan el objetivo de lograr una calidad de vida digna para los habitantes de un país.

En otras palabras para promover la felicidad, es necesario identificar los muchos factores más allá del PIB que pueden aumentar o reducir el bienestar de la sociedad, puesto que existen factores como por ejemplo: identificar las causas de la mala salud (como la comida rápida y alto impacto publicitario), la caída de la confianza social y la degradación ambiental, que afectan el bienestar de las personas y por consiguiente su consideración de lo que es “la felicidad”

En síntesis, lo ideal seria respaldar el crecimiento económico y el desarrollo, pero solo en un contexto más amplio políticas gubernamentales que promuevan la sostenibilidad ambiental y los valores de la compasión y la honestidad que se necesitan para generar confianza social, comenzar por la implementación de un sistema educativo que propicie dichas condiciones y en donde reinen principios como la admiración hacia ellos como persona y hacia los demás como motor de impulso, además de la sencillez y aceptación, donde la felicidad este basada en la simplicidad de la vida, compartir con tu familia, caminar por las calles, y aspirar a ser mejor siempre en un espíritu de competencia sano.

La felicidad esta allí en nuevos patrones de éxito, la simplicidad de la vida y la conducta prosocial


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Economista. Asesora de medios y mercadeo. Conferencista de "No hagamos maletas, hagamos país". Apasionada de la neuroeconomía y la econometría. Fundadora de @econoemocionante